Fallece Ángel Arroyo, pionero del ciclismo español y subcampeón del Tour de Francia 1983
El deporte nacional lamenta la pérdida de Ángel Arroyo Lanchas, figura fundamental en la internacionalización del ciclismo español durante la década de los ochenta, quien ha fallecido este domingo a los 70 años de edad. El exciclista abulense se encontraba ingresado desde hace varias semanas en el Complejo Asistencial de Ávila a consecuencia de una grave enfermedad.
Natural de El Barraco, Arroyo fue uno de los grandes exponentes de la escuela de escaladores de la provincia de Ávila. Su trayectoria profesional comenzó en 1979 con el equipo Moliner Vereco, para posteriormente integrarse en las filas del Zor y, de manera más destacada, en el Reynolds a partir de 1982. En esta última escuadra coincidió con otros nombres históricos del pedalismo nacional como Pedro Delgado y José Luis Laguía.
El hito más relevante de su carrera deportiva se produjo en 1983, cuando alcanzó la segunda posición en el podio final del Tour de Francia y se adjudicó una victoria de etapa. Aquel resultado, en el que solo fue superado por el francés Laurent Fignon, representó uno de los primeros grandes éxitos del ciclismo español en la era moderna de la ronda gala, consolidando el prestigio de los corredores nacionales en el panorama internacional.
Tras su retirada del ciclismo profesional en 1989, Arroyo mantuvo un compromiso firme con la formación de nuevas generaciones a través de la fundación de la Peña Ciclista Ángel Arroyo en su localidad natal. Esta institución se convirtió en un centro de referencia técnica, donde se forjaron figuras de la talla de Carlos Sastre —ganador del Tour de Francia en 2008—, José María Jiménez y Paco Mancebo.
El pasado año, la comunidad ciclista rindió tributo a su trayectoria durante la celebración de la Clásica Otero en Villanueva del Pardillo. En dicho evento, Arroyo reflexionó sobre la evolución técnica de la disciplina, destacando la singularidad del ciclismo clásico frente a las innovaciones actuales, aunque subrayando que la exigencia física de los puertos de montaña permanecía como la esencia inalterable del deporte.
El fallecimiento de Ángel Arroyo supone la pérdida de un referente institucional y deportivo que sentó las bases de los éxitos que el ciclismo español cosecharía en las décadas posteriores.


