El teniente general Javier Calderón Fernández, quien fuera director del Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid) entre los años 1996 y 2001, ha fallecido este viernes a los 95 años de edad. Calderón ostentó la jefatura de los servicios de inteligencia durante el primer mandato de José María Aznar, siendo el último militar en dirigir la institución antes de su transformación en el actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
Nacido en febrero de 1931 en Dosbarrios (Toledo), su trayectoria profesional estuvo estrechamente vinculada al desarrollo de los servicios secretos españoles contemporáneos. Tras ingresar en el Alto Estado Mayor en 1971, participó activamente en 1977 en la creación del Cesid, organismo surgido de la fusión del Seced y la Segunda Sección del Alto Estado Mayor. En aquel periodo inicial, formó parte del núcleo directivo que lideró la institución hasta los meses posteriores al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.
Su regreso a la cúpula de la inteligencia se produjo en mayo de 1996, tras la victoria electoral del Partido Popular. Su mandato tuvo como objetivo principal la profesionalización y reforma de los servicios tras una etapa marcada por diversos escándalos públicos. Bajo su dirección, se llevó a cabo un proceso de evaluación del personal que culminó con la declaración de «no idoneidad» para 28 agentes, en un intento por desligar a la institución de las actuaciones irregulares denunciadas en años anteriores.
No obstante, su gestión no estuvo exenta de controversia. Durante su mandato se produjeron episodios de tensión interna, especialmente con agentes veteranos como Diego Camacho y Juan Rando, quienes cuestionaron los criterios de las destituciones. Estas discrepancias reabrieron el debate público sobre la actuación de determinados elementos del servicio durante el 23-F y la custodia de los archivos históricos relativos a la asonada golpista.
En el plano institucional, Calderón fue el responsable de gestionar el relevo hacia una estructura plenamente civil. En el año 2001, cedió el testigo al diplomático Jorge Dezcallar, quien se convirtió en el primer director civil de la inteligencia española, marcando el inicio de la transición legal hacia el actual CNI. Con su salida, se cerró una etapa en la que el mando de los servicios secretos recaía tradicionalmente en la jerarquía militar.
Documentaciones recientemente desclasificadas han aportado luz sobre los informes que Calderón manejó durante su estancia en la dirección, incluyendo detalles sobre la participación de agentes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) en los eventos de 1981. El fallecimiento del teniente general supone la pérdida de una de las figuras clave para comprender la evolución de la inteligencia española desde la Transición hasta la consolidación democrática.


