Muere a los 80 años Marcos Rodríguez Pantoja, el ‘niño lobo de Sierra Morena’
Marcos Rodríguez Pantoja, conocido mundialmente como el ‘niño lobo de Sierra Morena’, falleció el pasado sábado a los 80 años en la localidad de Rante (San Ciprián de Viñas), en la provincia de Orense. Rodríguez Pantoja, cuya vida inspiró obras literarias y cinematográficas, se hizo célebre tras pasar más de doce años de su infancia y juventud en aislamiento absoluto, conviviendo con animales salvajes tras haber sido abandonado en el monte.
Nacido en Añora, Córdoba, su historia personal estuvo marcada por la precariedad y el desamparo. Tras el fallecimiento de su madre, su padre lo vendió a los seis años a un cabrero en Sierra Morena. Al morir el pastor, el joven Marcos quedó solo en la montaña, donde desarrolló habilidades de supervivencia extraordinarias y formas de comunicación basadas en sonidos de animales, integrándose particularmente con las manadas de lobos de la zona.
En el año 1965, la Guardia Civil localizó al joven y lo trasladó a entornos urbanos para iniciar un complejo proceso de reintegración social. No obstante, su adaptación a la civilización fue accidentada y traumática; el propio Marcos denunció en reiteradas ocasiones haber sido víctima de engaños, maltratos y abusos laborales por parte de personas que se aprovecharon de su falta de experiencia en el mundo convencional, lo que le generó un profundo recelo hacia la sociedad humana durante décadas.
El impacto de su biografía trascendió lo anecdótico para convertirse en objeto de estudio académico. El antropólogo Gabriel Janer Manila dedicó una tesis doctoral a su caso, la cual cristalizó posteriormente en el libro «He jugado con lobos». Asimismo, en el año 2010, el cineasta Gerardo Olivares llevó su vida a la gran pantalla con la película «Entrelobos», producción en la que el propio Rodríguez Pantoja colaboró activamente para garantizar la fidelidad de la interpretación de su experiencia vital.
En sus últimos años, Marcos Rodríguez Pantoja encontró estabilidad en la aldea gallega de Rante, donde fue acogido por la comunidad local. Dedicó gran parte de su tiempo a ofrecer charlas en centros educativos y campamentos, compartiendo su particular visión de la naturaleza y el respeto por el medio ambiente. Sus allegados y vecinos le dieron el último adiós este domingo en la parroquia donde residió su etapa final, cerrando así uno de los capítulos más singulares de la historia antropológica reciente de España.


