Investigaciones recientes presentadas en el marco del Congreso Internacional de Obesidad 2026 han revelado que la obesidad durante la adolescencia genera un impacto negativo directo en el rendimiento cognitivo. El estudio, desarrollado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de México, asocia el exceso de grasa corporal con dificultades en la capacidad del cerebro para aprender, recordar y procesar información de manera eficiente.
La investigación, denominada «Neurocognitive impact of juvenile obesity: experimental and clinical approaches + ANGELO», analizó datos de 121 adolescentes de entre 12 y 17 años. Los resultados indican que los jóvenes con esta afección muestran un desempeño inferior en pruebas de memoria de trabajo, tanto verbal como visoespacial, además de presentar síntomas vinculados a alteraciones en la conducta alimentaria.
Desde una perspectiva fisiológica, los expertos explican que la acumulación excesiva de grasa corporal provoca un estado de inflamación crónica. Este proceso, conocido como neuroinflamación, puede alterar la barrera hematoencefálica y afectar directamente procesos cognitivos como la atención y la memoria. Durante la adolescencia, el sistema nervioso atraviesa una reorganización crítica donde los circuitos de recompensa maduran antes que los de autocontrol, incrementando la vulnerabilidad hacia alimentos ultraprocesados.
El doctor Pacheco López, uno de los investigadores principales, aclaró que estos hallazgos no sugieren una menor inteligencia en los adolescentes, sino dificultades específicas para retener y recuperar información cuando el cerebro es demandado. Si bien el estudio no establece una relación de causalidad definitiva, los autores sostienen que los datos son coherentes con la hipótesis de que la obesidad provoca alteraciones funcionales en el cerebro de forma temprana.
Como parte integral del trabajo científico, se implementó la estrategia de intervención comunitaria ANGELO (Analysis Grid for Environments Linked to Obesity), un modelo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta metodología permite identificar junto a la comunidad cómo el entorno, las políticas públicas y las normas sociales influyen en el desarrollo del sobrepeso, con el fin de impulsar estilos de vida saludables.
La aplicación de la estrategia ANGELO arrojó resultados positivos en los participantes: el 38% de los adolescentes con obesidad redujo su peso a la categoría de sobrepeso, mientras que el 48% de quienes tenían sobrepeso logró alcanzar un peso normal. Además, el 75% de los jóvenes que ya presentaban un peso saludable consiguió mantenerlo durante todo el periodo de seguimiento de la investigación.
Finalmente, el equipo de investigadores subrayó la necesidad de fortalecer las políticas de salud pública orientadas a mitigar los entornos obesogénicos. Los hallazgos sugieren que la intervención temprana no solo previene enfermedades metabólicas y cardiovasculares, sino que resulta fundamental para proteger el desarrollo neurocognitivo en una de las etapas más decisivas de la vida humana.


