Evaporación en embalses: un desgaste silencioso del recurso
El agua retenida en los embalses no permanece inmóvil: cada año una fracción vuelve a la atmósfera por evaporación, con implicaciones directas para la seguridad hídrica. Aunque suele pasar desapercibido frente a sequías o infraestructuras, este fenómeno constituye una pérdida recurrente que compromete reservas destinadas a consumo, riego e industria.
Cuantificando el problema: números y tendencias
Un análisis reciente de masas de agua embalsada en España indica que las pérdidas por evaporación suman del orden de 1.3 km³ al año en la actualidad, con décadas de incremento debido a la mayor superficie acuática y condiciones climáticas más cálidas. En conjunto, las estimaciones acumuladas desde mediados del siglo XX podrían acercarse a los 80.000 millones de metros cúbicos, una cifra que equivale a la disponibilidad anual de muchas cuencas medianas.
Además, los modelos climáticos proyectan que, en escenarios con elevadas emisiones, la evaporación superficial podría intensificarse hasta un 45 % antes de 2100, especialmente en regiones con veranos más secos. Estas proyecciones subrayan que la tendencia es ascendente si no se adoptan medidas correctoras.
¿Dónde duele más? Zonas y usos vulnerables
Las cuencas del Mediterráneo y áreas interiores con altas temperaturas son las más expuestas: allí, la combinación de grandes superficies embalsadas y menor recarga hace que la gestión hídrica sea especialmente delicada. Por ejemplo, embalses dedicados al riego de cultivos intensivos o al abastecimiento turístico sufren un impacto doble: pérdida física de volumen y tensión sobre la capacidad de atender la demanda estacional.
Estrategias para frenar las pérdidas: tecnologías y políticas
- Cubiertas flotantes y placas solares integradas para reducir la superficie expuesta.
- Uso de agentes superficiales que disminuyen la evaporación en áreas controladas.
- Gestión dinámica del nivel de agua: mantener volúmenes más bajos en periodos de mayor pérdida potencial.
- Recarga artificial de acuíferos para desplazar parte del almacenamiento a capas subterráneas menos sujetas a evaporación.
- Políticas de demanda: precios, controles y planificación territorial que limiten usos intensivos en zonas críticas.
Combinar soluciones técnicas con instrumentos regulatorios suele ser la vía más efectiva. Por ejemplo, la instalación de cubiertas flotantes en un embalse destinado al suministro municipal puede reducir las pérdidas hasta en un tercio en condiciones locales favorables.
Costes comparativos y prioridades de inversión
Desde la perspectiva económica, la reducción de evaporación a menudo resulta más rentable que alternativas como la construcción de complejos sistemas de desalinización o grandes trasvases. Evaluaciones rápidas muestran que, en muchos casos, medidas de sombreado y gestión de niveles recuperan su inversión en menos de una década al evitar la necesidad de nuevas infraestructuras.
Hacia una gestión adaptativa
La solución no es única: requiere una combinación de monitorización precisa, planificación regional y respuesta tecnológica. Implementar sistemas de telemetría para medir evaporación, priorizar la recarga de acuíferos y restringir usos no esenciales en momentos críticos son pasos prácticos que las administraciones pueden aplicar de inmediato.
En resumen, la evaporación en embalses es una amenaza creciente pero gestionable. Abordarla con medidas mixtas —tecnología, gestión y cambios en la demanda— permitirá proteger reservas y aumentar la resiliencia frente al cambio climático.


