La Pobreza en España: Un Rostro Principalmente Femenino
A pesar de los avances sociales y económicos, la desigualdad de género persiste con una manifestación particularmente cruda en el ámbito económico: la feminización de la pobreza. En España, millones de mujeres se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema, enfrentando un riesgo significativamente mayor de caer en la pobreza o la exclusión social en comparación con los hombres. Esta brecha, lejos de reducirse, se ha consolidado durante la última década, evidenciando un problema estructural que requiere atención urgente.
Análisis recientes revelan que la pobreza entre las mujeres no solo es más frecuente, sino también más arraigada y difícil de superar. Incluso en periodos de crecimiento económico, la recuperación no alcanza de forma equitativa a todas las capas de la sociedad, dejando a un porcentaje desproporcionado de la población femenina en la precariedad. Una de cada cuatro mujeres, específicamente el 26,8%, se halla en riesgo de exclusión social, una cifra que subraya la intensidad y el carácter multidimensional de esta problemática.
Las Raíces de la Desigualdad: Mercado Laboral y Carga de Cuidados
El mercado laboral español es un eje central en la perpetuación de estas disparidades. Aunque la inserción femenina ha mejorado, las condiciones de empleo suelen ser más precarias, marcadas por la parcialidad involuntaria, la temporalidad y los bajos salarios. Esto se traduce en una realidad paradójica: incluso teniendo un empleo, cerca del 15,8% de las mujeres trabajadoras se mantiene en el umbral del riesgo de pobreza y/o exclusión social, una proporción que se dispara a más del 54% entre las mujeres desempleadas.
La distribución desigual de las responsabilidades de cuidado no remunerado es otro factor determinante. La sociedad sigue asignando mayoritariamente a las mujeres el rol principal en el cuidado de hijos, mayores y personas dependientes, lo que limita su tiempo disponible para la formación, el desarrollo profesional y la búsqueda de empleos mejor remunerados. Esta realidad se refleja en las estadísticas: tres de cada cuatro personas con contratos a tiempo parcial son mujeres, con una tasa de parcialidad del 21,4% femenino frente a un 6,8% masculino. Como consecuencia directa, el salario medio mensual de las mujeres es, en promedio, un 16,4% inferior al de los hombres, una diferencia que se traduce en aproximadamente 405 euros menos al mes.


