Un informe del ICER advierte que la productividad en España solo aporta 11 de cada 100 puntos de crecimiento económico
La productividad laboral se consolida como el principal desafío estructural de la economía española, con un crecimiento medio de apenas el 0,6% anual en las últimas tres décadas. Según el informe ‘Productividad laboral en España. Diagnóstico estructural y escenarios 2026-2036’, elaborado por el Instituto de Ciencias del Empleo y las Relaciones Laborales (ICER), la mejora acumulada entre 1995 y el segundo trimestre de 2026 se sitúa en un 21,4%, una cifra que evidencia las dificultades del sistema para transformar el avance económico en eficiencia real.
El estudio destaca que el modelo de crecimiento español ha dependido históricamente de la incorporación de mano de obra y del aumento del volumen total de horas trabajadas, en lugar de optimizar el valor generado por cada hora de actividad. De acuerdo con los datos presentados por el ICER, de cada 100 puntos de crecimiento económico registrados en los últimos 30 años, 89 se explican por el incremento de las horas trabajadas, mientras que solo 11 puntos corresponden a ganancias de productividad.
Esta tendencia se ha mantenido en el periodo más reciente. Entre el último trimestre de 2019 y el segundo de 2026, el Producto Interior Bruto (PIB) real de España aumentó un 12,1%, mientras que las horas trabajadas crecieron un 9,5%. En contraste, la productividad por hora apenas avanzó un 2,4% en dicho intervalo. El secretario general del ICER, Alejandro Costanzo, ha señalado que esta dependencia del empleo condiciona la sostenibilidad futura del modelo, especialmente ante el progresivo envejecimiento de la población y la limitada disponibilidad de nuevos trabajadores.
El análisis histórico del informe recuerda que los mayores repuntes de productividad en España no siempre han respondido a mejoras de eficiencia. Durante la crisis financiera de 2008 a 2013, la productividad avanzó un 1,7% anual, pero el ICER aclara que este fenómeno se debió principalmente a la destrucción masiva de empleo en sectores como la construcción y entre perfiles de baja cualificación, lo que elevó la media estadística sin reflejar un avance estructural en el tejido empresarial.
Para revertir esta trayectoria, la institución aboga por una transformación en la organización del trabajo, un aumento de la inversión en innovación y la mejora de las competencias profesionales. El objetivo, según el texto, es transitar hacia un modelo capaz de sostener incrementos salariales a través de la generación de valor añadido, evitando que el alza de los costes laborales perjudique la competitividad de las compañías españolas.
Finalmente, el ICER identifica a la inteligencia artificial (IA) como el factor determinante para alterar esta dinámica. Basándose en proyecciones del Fondo Monetario Internacional, el estudio estima que una adopción efectiva de la IA, basada en la complementariedad con el factor humano, podría sumar hasta 1,5 puntos porcentuales anuales al crecimiento de la productividad durante la próxima década. No obstante, advierte que este impacto dependerá de la capacidad del tejido empresarial para reorganizar sus procesos y formar a sus trabajadores en estas nuevas herramientas.


