El bloque de Giorgia Meloni pierde la ventaja en los sondeos ante el fortalecimiento del centroizquierda
La estabilidad del Ejecutivo italiano liderado por Giorgia Meloni enfrenta sus primeras señales de erosión significativa tras una serie de reveses políticos y demoscópicos. Por primera vez desde el inicio de la legislatura, las proyecciones electorales sugieren un posible «sorpasso» de la coalición de centroizquierda sobre el bloque de derechas. Este cambio de tendencia se produce en un contexto marcado por la derrota del Gobierno en el referéndum sobre la reforma de la justicia del pasado 22 de marzo y un giro en la opinión pública respecto a la política internacional y las alianzas estratégicas con Estados Unidos.
Según los últimos datos de la Supermedia de YouTrend, la coalición que apoya al Gobierno ha descendido hasta el 44,7% de los apoyos, mientras que el bloque opositor, en su fórmula de «campo amplio» que agrupa a diversas formaciones de centro e izquierda, alcanzaría el 45,4%, llegando incluso al 48,4% si se incluyen formaciones minoritarias de corte liberal. Aunque Fratelli d’Italia se mantiene como la fuerza individual más votada con un 26%, el Partido Democrático (PD) ha logrado situarse como la primera fuerza en proyección de escaños parlamentarios, beneficiándose del desgaste de los socios de coalición de Meloni.
El punto de inflexión institucional se localiza en la consulta técnica sobre la justicia de finales de marzo. A pesar de su naturaleza procedimental, la presidenta del Consejo de Ministros decidió implicarse personalmente en favor del «sí» en el tramo final de la campaña. El triunfo arrollador del «no» ha sido interpretado por los analistas como un síntoma de desconexión entre la agenda del Ejecutivo y las prioridades del electorado, lo que ha impulsado una recuperación cualitativa y cuantitativa de la oposición liderada por Elly Schlein.
En el ámbito internacional, Meloni ha iniciado un distanciamiento táctico del expresidente estadounidense Donald Trump, con quien mantenía una relación de afinidad ideológica. El malestar de Roma por la falta de información previa en operaciones militares en Oriente Próximo y el rechazo mayoritario de la sociedad italiana a la escalada bélica han forzado a la primera ministra a adoptar una postura más crítica hacia Washington e Israel. Este enfriamiento ha sido confirmado por el propio entorno de Trump, que ha manifestado públicamente su decepción ante el cambio de rumbo de la mandataria italiana.
Paralelamente, la figura del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha emergido como un referente para el centroizquierda transalpino. La prensa italiana y los líderes del PD han señalado el modelo político español como una hoja de ruta para articular una alternativa de gobierno sólida. Esta influencia ha obligado al gabinete de Meloni a confrontar directamente las propuestas de Sánchez en foros parlamentarios y mediáticos, reconociendo implícitamente el impacto de la política española en el debate doméstico italiano.
A los desafíos políticos se suma una coyuntura económica compleja, caracterizada por una deuda pública al alza que amenaza con superar los niveles de Grecia. Ante la inseguridad financiera, la primera ministra ha sugerido la posibilidad de bloquear el Pacto de Estabilidad europeo si la crisis se recrudece. No obstante, la necesidad de recuperar la popularidad perdida parece estar empujando al Gobierno de Italia hacia posiciones de política exterior más alineadas con el consenso europeo, en un intento de frenar el ascenso de una izquierda que, por primera vez, se percibe como una alternativa real de poder en las encuestas.


