sábado, junio 20, 2026
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Unamuno: Por qué intentar lo absurdo logra lo imposible

La vigencia del pensamiento de Unamuno: la perseverancia y el valor de lo imposible

La obra «Vida de Don Quijote y Sancho», publicada en 1905 por Miguel de Unamuno, se consolida como un referente del pensamiento filosófico español al proponer que el progreso humano reside en la capacidad de desafiar los límites de la razón. A través de la figura del caballero manchego, el autor de la Generación del 98 plantea una defensa de la perseverancia frente a la adversidad, sosteniendo que la búsqueda de ideales considerados «absurdos» es la única vía para alcanzar logros que parecen inalcanzables en un primer momento.

Escrito en un periodo de profunda crisis de identidad nacional tras la pérdida de las últimas colonias españolas, el ensayo de Unamuno reinterpretó el clásico de Cervantes bajo una luz existencialista. Para el pensador, Don Quijote no representaba la pérdida del juicio, sino una forma superior de valentía moral. En este sentido, la obra reivindica al individuo que, a pesar de las derrotas, la incomprensión y el escarnio social, mantiene la fidelidad a sus convicciones profundas, convirtiendo el fracaso en un elemento constitutivo del crecimiento personal.

La premisa central del texto unamuniano establece una crítica directa a la resignación y al conformismo. Según el análisis de la obra, los grandes avances de la humanidad —ya sean científicos, sociales o personales— han tenido su origen en proyectos que desafiaron las expectativas de su época. Quienes se atreven a perseguir estas metas aceptan el riesgo inherente del error, pero, al mismo tiempo, abren la puerta a nuevas posibilidades que permanecen ocultas para aquellos que no se desvían de lo establecido.

Esta perspectiva filosófica encuentra resonancia en el ámbito del bienestar y la psicología contemporánea. Expertos actuales coinciden con la visión de Unamuno al interpretar que equivocarse no debe ser visto como una derrota definitiva, sino como una fase inevitable del proceso de aprendizaje. En sintonía con las reflexiones del médico Mario Alonso Puig y las tesis de William James, se sostiene que el destino del individuo no está determinado por el tropiezo en sí, sino por la interpretación y la respuesta que se dé ante la dificultad.

Finalmente, la invitación de Unamuno a adoptar un espíritu «quijotesco» se interpreta hoy como un llamado a mantener viva la capacidad de soñar y actuar en función de lo que se considera justo. Ser quijotesco, bajo este prisma institucional, no implica una desconexión con la realidad, sino el compromiso de defender principios éticos incluso cuando las circunstancias son desfavorables. Más de un siglo después, la reflexión del filósofo vasco recuerda que los cambios significativos suelen nacer de actos de audacia que desafían lo convencional.

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