martes, agosto 11, 2026
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España y Marruecos: Cooperación y disuasión en seguridad

Ignacio Cosidó propone un modelo de disuasión y cooperación en la relación bilateral con Marruecos

El exdirector general de la Policía Nacional y actual presidente del Instituto para el Bien Común Global, Ignacio Cosidó, ha planteado la necesidad de que España adopte una estrategia de «disuasión cooperativa» en sus relaciones con Marruecos. Según el análisis del exresponsable de seguridad, el Estado debe equilibrar la colaboración necesaria en materia antiterrorista y migratoria con una capacidad autónoma de defensa y un control fronterizo que no dependa de la voluntad del país vecino.

Cosidó fundamenta su propuesta en los resultados obtenidos durante el periodo 2012-2016, que califica como una etapa de cooperación «modélica». Durante esos años, la colaboración entre la Comisaría General de Información, el Centro Nacional de Inteligencia y las autoridades marroquíes permitió la ejecución de 55 operaciones contra el terrorismo yihadista y la detención de casi 200 personas. En materia migratoria, el exdirector destaca que en 2015 las entradas irregulares por vía marítima se limitaron a 5.000, frente al millón de ingresos registrados en el conjunto de la Unión Europea.

No obstante, el análisis advierte que la cooperación no debe ser incompatible con el mantenimiento de una capacidad de disuasión frente a las reivindicaciones territoriales de Rabat. Para Cosidó, España ha cedido durante demasiado tiempo la responsabilidad de contener la inmigración a Marruecos, una competencia que define como «indelegable». El informe señala que esta dependencia otorga al país vecino un instrumento de presión que condiciona la independencia de la política exterior española.

En el ámbito de la defensa, el texto alerta sobre un desequilibrio creciente. Mientras Marruecos se encuentra inmerso en un proceso de modernización acelerada de sus Fuerzas Armadas con el apoyo de aliados tecnológicos, Cosidó señala que España arrastra décadas de inversión insuficiente. A esta situación se suma la preocupación por la «zona gris» y las amenazas híbridas, que exigen una inteligencia más operativa y una diplomacia con mayor capacidad de acción.

La dimensión internacional también ocupa un lugar central en la evaluación de la situación actual. El exdirector de la Policía subraya la «posición de debilidad» de España debido al enfriamiento de las relaciones con Washington y Tel Aviv, en contraste con la estrecha vinculación que Marruecos ha consolidado con Estados Unidos e Israel. Asimismo, menciona un aislamiento en el seno de la Unión Europea, donde algunos socios han cuestionado la capacidad de España para gestionar sus fronteras tras crisis como la de Ceuta.

Como solución estructural, Cosidó aboga por la creación de una estrategia nacional sostenida a largo plazo que cuente con consenso político. El objetivo final sería persuadir a Marruecos de que la cooperación siempre resultará más beneficiosa que la confrontación, garantizando la integridad territorial y la soberanía de España mediante una combinación de voluntad política, seguridad jurídica y fortalecimiento de las capacidades de defensa e inteligencia.

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