Morante de la Puebla marca el 150 aniversario de La Malagueta con una actuación definida por el sacrificio y el valor
La plaza de toros de La Malagueta ha clausurado los festejos de su 150 aniversario con una jornada de trascendencia histórica, protagonizada por la resiliencia de Morante de la Puebla. El diestro cigarrero, que compareció en el coso malagueño arrastrando las secuelas de un percance sufrido apenas 48 horas antes, volvió a resultar herido durante la lidia del cuarto toro, un suceso que condicionó el clima emocional y artístico de una tarde en la que se colgó el cartel de «no hay billetes».
El festejo de clausura, concebido como el punto culminante de la efeméride, contó con reses de las ganaderías de Garcigrande, Núñez del Cuvillo y Torrealta para una terna compuesta por el propio Morante, Andrés Roca Rey y David de Miranda. El desarrollo de la corrida estuvo marcado por la entrega del torero de La Puebla, quien tras sufrir una violenta voltereta, decidió permanecer en el ruedo para completar su faena, anteponiendo la expresión estética al dolor físico derivado del impacto.
Este episodio se suma a la secuencia de eventos que han elevado la categoría de la feria malagueña en sus últimas jornadas. Dos días antes, en el mismo escenario, Morante de la Puebla ya había sufrido un serio percance ante toros de Núñez del Cuvillo. Sin embargo, su decisión de cumplir con el compromiso del aniversario, pese al mermado estado de sus facultades, ha sido interpretada por los analistas como un ejercicio de responsabilidad institucional con la tauromaquia y con la efeméride de la plaza.
La feria también alcanzó cotas de alta intensidad con el regreso, tras doce años de ausencia, de la ganadería de Victorino Martín. En dicha jornada, Manuel Escribano resultó herido de gravedad con una cornada de quince centímetros, aunque logró dar muerte a su oponente antes de ingresar en la enfermería. Las actuaciones de Fortes y Emilio de Justo ante la exigente corrida de los «grises» ya habían predispuesto el ánimo de una afición que buscaba en la tarde final la consolidación del ciclo.
Andrés Roca Rey, por su parte, ratificó su posición de liderazgo en el escalafón mediante una tauromaquia de dominio y autoridad escénica. El diestro peruano logró administrar las distancias y los tiempos para sostener el interés de la tarde tras el impacto del percance de Morante. Asimismo, David de Miranda mostró una disposición firme y serena, reivindicando su lugar en carteles de máxima responsabilidad y contribuyendo a mantener la tensión competitiva del festejo hasta el último tercio.
El balance técnico del aniversario destaca no solo por las cifras de asistencia y el resultado de los trofeos, sino por la recuperación de la épica y la verdad del rito taurino. La capacidad de los actuantes para sobreponerse a la adversidad física ha sido el hilo conductor de una feria que celebra siglo y medio de existencia, recordando que la belleza en el ruedo surge habitualmente del compromiso absoluto con el riesgo.
Con este cierre, La Malagueta reafirma su estatus como una de las plazas de referencia en el calendario taurino español, logrando que el 150 aniversario sea recordado por la profundidad de las actuaciones y la integridad de los toreros ante las circunstancias más complejas de la profesión.


