La escritora mexicana Beatriz Rivas ha presentado su más reciente novela, «El último viaje», editada por Alfaguara, una obra que profundiza en la complejidad del envejecimiento y la disolución de la identidad a través del relato de una familia en tránsito. La narrativa se estructura en torno a un viaje por la costa este de los Estados Unidos, protagonizado por un matrimonio octogenario y sus dos hijos maduros, quienes enfrentan el tramo final de sus trayectorias vitales desde perspectivas que oscilan entre la reflexión filosófica y el deterioro cognitivo.
El núcleo de la historia lo componen Antonia, una profesora de filosofía jubilada, y Gaspar, un empresario cuya memoria comienza a desvanecerse. Acompañados por sus hijos Nicolás y Roberta, la familia transforma una plácida excursión en un testimonio de vida. La obra utiliza el viaje como metáfora del desplazamiento hacia un territorio donde las certezas desaparecen, permitiendo que cada parada en la carretera actúe como un detonador de recuerdos, culpas y omisiones acumuladas durante décadas de convivencia.
Rivas aborda de manera neutral y sin recursos melodramáticos la inversión de roles generacionales, donde los hijos comienzan a asumir el cuidado de unos padres que pierden su autonomía. Mientras Gaspar experimenta la pérdida progresiva de la persistencia del sí mismo, Antonia confronta la inutilidad de la teoría filosófica ante la realidad biológica de la vejez. Este cambio en el orden familiar se presenta como un proceso silencioso de renuncias que redefine la estructura de protección que tradicionalmente representa el hogar.
A pesar de que la trama se desarrolla fuera del territorio mexicano, la novela integra de manera subyacente la realidad sociopolítica de dicho país. El texto sugiere una analogía entre el envejecimiento individual y el deterioro de las instituciones sociales, señalando cómo la pérdida de memoria y la polarización pueden degradar la convivencia ciudadana. Esta dimensión añade una capa de lectura sobre la fragilidad de las democracias cuando estas olvidan los límites de lo tolerable en el debate público.
La técnica narrativa de Rivas se caracteriza por una búsqueda deliberada de la sencillez, evitando la solemnidad funeraria para centrarse en la cotidianidad, el humor y la ironía. La autora explora temas de gran calado existencial, como el duelo, el vacío y la construcción de la identidad, presentándolos no como eventos extraordinarios, sino como parte del proceso natural de aprendizaje necesario para afrontar el ocaso de la vida.
Finalmente, «El último viaje» se posiciona como una crónica sobre la intimidad familiar entendida como un espacio de pactos y traiciones. La obra concluye que envejecer no solo implica el desgaste físico, sino una modificación radical de la relación con el tiempo, donde la recuperación de una memoria compartida se convierte en el último recurso de cohesión antes de la despedida definitiva.


