Un estudio internacional revela que la aterosclerosis afecta a uno de cada 13 jóvenes de entre 18 y 29 años
La aterosclerosis, el proceso patológico responsable de la mayoría de los infartos de miocardio e ictus, está presente en uno de cada 13 jóvenes de entre 18 y 29 años aparentemente sanos. Así lo determinan los primeros resultados del estudio internacional React, una investigación liderada por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y el Rigshospitalet de Copenhague, cuyos hallazgos han sido presentados en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC 2026) y publicados simultáneamente en la revista científica The New England Journal of Medicine.
El estudio analizó a un total de 16.808 personas con edades comprendidas entre los 18 y 70 años, ninguna de las cuales presentaba antecedentes de enfermedad cardiovascular. Los resultados demuestran que el 57,1% de los participantes ya tenía placas de aterosclerosis en alguna arteria, a pesar de no haber desarrollado síntomas previos. La prevalencia de esta condición aumenta de forma progresiva con la edad, hasta alcanzar a nueve de cada diez personas en el tramo de los 60 a 70 años.
La investigación también ha identificado diferencias sustanciales en el desarrollo de la enfermedad según el sexo. Los varones suelen desarrollar la patología entre cinco y diez años antes que las mujeres. Sin embargo, en la población femenina se observa una aceleración notable del avance de la aterosclerosis entre los 40 y los 60 años, coincidiendo con la etapa de transición hacia la menopausia.
Borja Ibáñez, director científico del CNIC y cardiólogo en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, destacó que la evidencia confirma que la enfermedad cardiovascular se inicia mucho antes de que se manifiesten los primeros signos clínicos. En este sentido, el experto defendió la necesidad de un cambio de paradigma en la prevención sanitaria que permita la detección directa de la enfermedad en fases tempranas, adelantándose a la aparición de eventos críticos como el infarto o el ictus.
Uno de los puntos clave del estudio es la relación detectada entre la aterosclerosis en las arterias coronarias y la presencia de placas en las arterias carótidas o femorales. Este hallazgo sugiere que el uso de ecógrafos portátiles podría integrarse en el cribado rutinario como una herramienta accesible, rápida y no invasiva. Según los autores, estos dispositivos facilitarían la identificación de la aterosclerosis silenciosa décadas antes de que se produzca un evento cardiovascular grave.
Finalmente, el estudio React concluye que las escalas de riesgo cardiovascular que se emplean en la actualidad solo detectan a una parte de los individuos con aterosclerosis subclínica. Por este motivo, la segunda fase del proyecto, prevista para el periodo 2027-2032, evaluará mediante un ensayo clínico si las estrategias preventivas guiadas por técnicas de imagen logran reducir la mortalidad y la morbilidad cardiovascular con mayor eficacia que el modelo preventivo actual basado exclusivamente en factores de riesgo tradicionales.


