Cantabria se consolida como escenario cinematográfico estratégico con el rodaje de ‘La bola negra’
La comunidad autónoma de Cantabria ha reforzado su posicionamiento en la industria audiovisual española al albergar el rodaje de «La bola negra», el nuevo proyecto cinematográfico dirigido por Javier Calvo y Javier Ambrossi. La producción, inspirada en la obra inconclusa de Federico García Lorca y el texto de Alberto Conejero, utiliza diversos enclaves de la región para articular una narrativa que vincula la memoria histórica de la Guerra Civil con la búsqueda de identidad en la época contemporánea.
El largometraje centra gran parte de su desarrollo en la localidad de Lafuente, un núcleo rural perteneciente al municipio de Lamasón, en el Valle del Nansa. Con una población censada que apenas alcanza los 17 habitantes, este enclave ha sido seleccionado por la dirección para representar la trama actual de la película. El interés de la producción por este entorno radica en su arquitectura tradicional montañesa y su integración en el paisaje del interior occidental cántabro, elementos que aportan la sobriedad estética requerida para el relato.
La trama de «La bola negra» establece un puente temporal entre el presente y el año 1937, recuperando la figura de Rafael Rodríguez Rapún, quien fuera el último compañero sentimental de Lorca y que falleció en el frente de Cantabria durante el conflicto civil. Esta dualidad narrativa permite a la cinta explorar conceptos como el duelo y la herencia cultural, utilizando los acantilados de La Arnía y el campus de la Universidad Pontificia en Comillas como escenarios que simbolizan tanto el drama histórico como la introspección de los personajes actuales.
Desde una perspectiva patrimonial, el rodaje destaca la relevancia de la Iglesia de Santa Juliana en Lafuente, un exponente del románico cántabro del siglo XII, así como la «Pareja de Lamasón», dos esculturas de piedra del siglo XVII integradas en la arquitectura civil local. Estos elementos, sumados al paso del Camino Lebaniego por la aldea —ruta declarada Patrimonio de la Humanidad—, otorgan a la producción una profundidad institucional y cultural que trasciende el mero entretenimiento.
El reparto de la película cuenta con la participación de figuras como Álvaro Lafuente (conocido artísticamente como Guitarricadelafuente), Carlos González y Miguel Bernardeau. La presencia de este equipo técnico y artístico ha supuesto un hito para la comarca del Nansa, no solo por la logística del rodaje, sino por la proyección turística que implica la inclusión de estos paisajes en los circuitos del cine nacional.
Finalmente, la elección de Cantabria como plató principal responde a una estrategia de los directores por buscar atmósferas poéticas que contrasten con el entorno urbano. La combinación de la bruma del interior montañoso y la inmensidad del mar Cantábrico funciona en el filme como una metáfora visual del proceso creativo y la memoria, consolidando a la región como un destino de referencia para grandes producciones cinematográficas de autor.


