La gestión del patrimonio vinculado a la Casa de Alba ha consolidado la posición de Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro, como titular de activos residenciales y agrícolas de relevancia histórica en Madrid, Sevilla e Ibiza. Tras los procesos de reparto hereditario iniciados por la decimoctava duquesa de Alba, el actual mapa patrimonial de la aristócrata combina la explotación agropecuaria con la preservación de inmuebles de alto valor arquitectónico y cultural, integrando el legado histórico con la actividad profesional contemporánea.
En la provincia de Sevilla, la finca La Pizana se erige como el principal activo de carácter rural de la duquesa. Situada en el municipio de Gerena, la propiedad abarca una extensión superior a las 600 hectáreas destinadas al aprovechamiento agrícola y ganadero. El cortijo principal, que sigue los cánones de la arquitectura tradicional andaluza con fachadas encaladas y estructuras ecuestres, fue cedido originalmente por Cayetana Fitz-James Stuart con motivo del enlace matrimonial de su hija en 1998. En la actualidad, tras la adjudicación de la herencia, figura como propiedad titular de Martínez de Irujo y funciona como una explotación plenamente operativa.
La trayectoria histórica de este enclave se remonta a la época medieval y a la posterior gestión de la Compañía de Jesús en el siglo XVII, quienes transformaron la dehesa original en campos de cultivo. Tras la expulsión de los jesuitas en el siglo XVIII, el terreno fue adquirido por la Casa de Alba. Bajo la actual titularidad, la propiedad ha mantenido su doble funcionalidad como centro de producción agraria y residencia privada, habiendo sido escenario de significativos acontecimientos institucionales y familiares para la estirpe.
En el ámbito urbano, la duquesa de Montoro mantiene su residencia principal en la ciudad de Madrid, en una propiedad ubicada en las inmediaciones del Palacio de Liria. Este inmueble, integrado en su patrimonio tras el fallecimiento de su madre en 2014, se distingue por una arquitectura de techos elevados y amplios ventanales que favorecen la luminosidad natural. La vivienda alberga además el taller creativo de la aristócrata, espacio dedicado al diseño de colecciones de joyería y elementos de decoración, lo que vincula el activo residencial con su faceta como diseñadora para firmas de proyección nacional.
La vinculación con el Palacio de Liria trasciende la proximidad física, manteniendo una carga simbólica y administrativa de primer orden. Los registros históricos destacan la labor de Luis Martínez de Irujo, padre de la actual duquesa, en la modernización de los archivos, la administración y la restauración integral del palacio, culminada en 1956. Esta intervención no solo permitió la preservación del patrimonio familiar tras la posguerra, sino que consolidó al palacio como un activo cultural de referencia para la ciudad de Madrid, destinado a honrar la memoria histórica del ducado.
El catálogo de activos se completa con la finca S’Aufabaguera, situada en la zona de Cala Salada, en Ibiza. Esta propiedad responde a la tipología de vivienda tradicional ibicenca o casa payesa y representa el principal refugio estival de la duquesa. Al igual que el resto de sus propiedades principales, este inmueble fue adjudicado en el marco del reparto patrimonial realizado en vida por la anterior duquesa de Alba, asegurando la continuidad de la presencia de la familia en el archipiélago balear bajo una gestión personalizada y adaptada a los usos residenciales modernos.


