Grupos armados lanzan una ofensiva coordinada contra cuarteles militares en Malí
El Estado Mayor del Ejército de Malí ha confirmado este martes una serie de ataques simultáneos perpetrados por grupos armados contra diversas instalaciones militares en la capital, Bamako, y otras localidades estratégicas del país. La ofensiva, que comenzó durante la madrugada, ha provocado enfrentamientos directos en puntos clave del territorio nacional, incluyendo las ciudades de Kati, Gao y Mopti, en un desafío directo a la estabilidad del gobierno de transición.
En un comunicado oficial difundido a través de sus redes sociales, las autoridades castrenses informaron que las fuerzas de defensa y seguridad se encuentran trabajando para «neutralizar a los atacantes» en los distintos frentes abiertos. El mando militar instó a la población civil a mantener la calma y la vigilancia mientras se desarrollan las operaciones de respuesta en los perímetros afectados por las incursiones armadas, especialmente en las inmediaciones de los cuarteles atacados.
Uno de los puntos de mayor tensión se localiza en la ciudad de Kati, situada a escasos kilómetros de la capital, donde se encuentra la residencia oficial del líder de la junta militar y actual jefe de Estado, el general Assimi Goita. Aunque el Ejército ha asegurado que está repeliendo las agresiones, hasta el momento no se ha proporcionado un balance oficial de bajas ni se ha identificado formalmente a los autores de los asaltos en la región central.
Paralelamente a estos sucesos, grupos independentistas del norte del país, agrupados bajo el Frente de Liberación del Azawad (FLA), anunciaron este sábado haber tomado el control de la ciudad estratégica de Kidal. Según declaraciones del grupo insurgente, sus combatientes se desplazan libremente por este enclave septentrional, el cual había sido recuperado por las tropas gubernamentales en 2023 tras años de conflicto con los rebeldes tuaregs.
La actual escalada de violencia se enmarca en un contexto de grave inestabilidad política y de seguridad que atraviesa Malí desde el golpe de Estado de 2020. El país se enfrenta a una doble amenaza insurgente: por un lado, los movimientos secesionistas que reclaman la independencia de la región del Azawad en el norte, y por otro, la persistente actividad de grupos yihadistas afiliados a Al Qaeda y al Estado Islámico que operan en gran parte del Sahel.
El control de las posiciones militares en Bamako y la caída de centros estratégicos como Kidal suponen un revés para la estrategia de pacificación de la junta militar, que mantiene la gobernanza del país bajo un régimen de excepción mientras intenta contener la expansión de los focos de rebelión en el centro y norte del territorio maliense.


