La OTAN baraja suprimir las cumbres anuales ante las tensiones internas y el factor Trump
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) estudia poner fin a la tradición de celebrar cumbres anuales de líderes cada verano, una propuesta que busca reducir la frecuencia de estos encuentros a un formato bianual. Según fuentes diplomáticas citadas por diversas agencias, la iniciativa responde a una estrategia para minimizar la exposición política de la Alianza en periodos de alta volatilidad y evitar fricciones directas durante el tramo final del mandato del presidente estadounidense, Donald Trump, previsto para 2028.
La propuesta, que aún debe ser ratificada, incluye cambios inmediatos en el calendario de las próximas reuniones. La cumbre de 2027, inicialmente programada para el periodo estival en Albania, podría ser trasladada al otoño, quedando la decisión final en manos del secretario general de la organización, Mark Rutte. El objetivo subyacente es evitar escenarios de confrontación pública entre los aliados, bajo la premisa diplomática de que es preferible reducir el número de citas que celebrar encuentros que evidencien fracturas internas.
El peso de la relación transatlántica
Las deliberaciones internas reflejan una preocupación creciente por el impacto de la retórica del presidente Donald Trump sobre la cohesión de la Alianza. El mandatario estadounidense ha mantenido una postura crítica respecto al compromiso de defensa mutua y ha incrementado la presión sobre los socios europeos para elevar su gasto militar. Episodios pasados, como la amenaza de retirada de Estados Unidos en 2018 o las tensiones diplomáticas derivadas de su interés por Groenlandia, han marcado la agenda de los últimos años.
A estas diferencias políticas se suma el rechazo de varios aliados europeos a apoyar operaciones militares estadounidenses en Irán, lo que ha generado un clima de distanciamiento estratégico. En sus memorias, el exsecretario general Jens Stoltenberg ya advirtió sobre la fragilidad de la organización ante posibles salidas unilaterales de sus miembros más influyentes, una preocupación que parece persistir en la actual planificación de la Secretaría General.
Informes del Pentágono y la situación de España
En este contexto de tensiones, España ha pasado a ocupar un lugar destacado en los informes internos de seguridad de Estados Unidos. Un documento del Departamento de Defensa de EE. UU. ha planteado escenarios de presión sobre el Gobierno de España tras la negativa de Madrid a permitir el uso de las bases de Morón y Rota para operaciones vinculadas al conflicto en Irán. El malestar en Washington se ha extendido a otros países europeos que han limitado el acceso a sus bases o el sobrevuelo de sus territorios.
El citado informe del Pentágono llegó a contemplar medidas simbólicas como la suspensión de la participación española en la Alianza, a pesar de que los tratados fundacionales no recogen un mecanismo formal para tal fin. Aunque desde la administración estadounidense se ha matizado que no existe un plan de retirada de Europa ni un abandono de la OTAN, el endurecimiento del tono refleja el complejo equilibrio que deberán gestionar los aliados en los próximos años para mantener la operatividad y la unidad de la organización.
El debate sobre la periodicidad de las cumbres se presenta, por tanto, no solo como una cuestión logística, sino como un cortafuegos político en un momento en que la OTAN busca redefinir su relevancia y estabilidad frente a los desafíos geopolíticos actuales y la diversidad de intereses entre sus países miembros.


