sábado, mayo 2, 2026
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Trump pierde 35.000 millones por el rearme de Europa

La industria de defensa de Estados Unidos registra una caída del 50% en sus ventas a Europa ante el giro hacia la autonomía regional

Las exportaciones de armamento estadounidense hacia Europa y Eurasia han experimentado una reducción del 50% durante el ejercicio 2025 en comparación con el año anterior. Según los datos analizados por el Centro Stimson, esta contracción supone que aproximadamente 38.000 millones de dólares —unos 35.000 millones de euros— han dejado de percibirse en contratos transatlánticos, marcando un cambio de tendencia en la política de adquisiciones de los aliados europeos, que han optado por priorizar el fortalecimiento de su propia base industrial y tecnológica.

El programa del caza de combate F-35, desarrollado por Lockheed Martin, se posiciona como el activo más afectado por este cambio de estrategia. El informe detalla que al menos tres países cancelaron pedidos ya firmados en 2025, mientras que otros han congelado o rechazado propuestas de adquisición. Se estima que la compañía ha perdido cerca de 150 ventas potenciales, lo que compromete no solo los ingresos directos por la venta de las aeronaves, sino también los contratos de mantenimiento y actualización de largo recorrido que garantizan la rentabilidad del programa a décadas vista.

España se encuentra entre las naciones que han modificado sus planes de adquisición. En agosto de 2025, el Gobierno de Pedro Sánchez oficializó la cancelación de la posible compra de este modelo, orientando la inversión hacia alternativas de producción europea. Esta decisión se suma a la de Portugal, cuyo Ministerio de Defensa ha expresado reservas técnicas sobre la dependencia de software y las posibles limitaciones operativas que Washington podría imponer de forma remota sobre el equipamiento suministrado.

La desvinculación comercial se extiende a otros segmentos de la defensa. Noruega ha adjudicado la construcción de cinco fragatas Type-26 a astilleros británicos por un valor de 11.700 millones de euros, descartando la oferta estadounidense de Huntington Ingalls. Por su parte, Polonia ha seleccionado los submarinos suecos de la clase A26 de Saab para su programa Orka, mientras que los Países Bajos y Dinamarca han optado por misiles de crucero noruegos y sistemas de defensa antiaérea franco-italianos (SAMP/T) en detrimento de los sistemas Tomahawk y Patriot.

Esta reorientación del gasto militar ha impulsado de forma significativa a las empresas del sector en el continente. Entre 2021 y 2025, la cotización de la alemana Rheinmetall ha crecido un 300%, mientras que la sueca Saab ha registrado un aumento del 280%. El Plan Europeo de Rearme establece como objetivo para 2030 que el 55% de todas las compras militares se realicen a proveedores europeos o ucranianos, una meta que ya se refleja en la planificación de Alemania, donde solo el 8% de sus 154 compras previstas tiene como destino fabricantes estadounidenses.

La respuesta de Washington ante esta pérdida de cuota de mercado ha generado fricciones diplomáticas recientes. En el último mes, la administración estadounidense ha retenido entregas de armamento ya abonadas por países bálticos y escandinavos, alegando necesidades operativas en el conflicto de Oriente Medio. Este escenario ha reforzado el argumento de los ministerios de defensa europeos sobre la necesidad de poseer soberanía técnica total sobre sus sistemas de defensa para evitar depender de las prioridades geopolíticas de terceros países.

Analistas del sector advierten que este movimiento no es coyuntural, dado que los ciclos de adquisición en defensa se planifican para periodos de entre 30 y 40 años. La creación de cadenas de suministro locales y la formación de ingenieros propios sugieren que Europa está consolidando un mercado alternativo que reduce estructuralmente su dependencia histórica de la industria de defensa de los Estados Unidos.

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