Un estudio iberoamericano revela que el 60% de los jóvenes padece ansiedad por el uso de redes sociales
El primer estudio sobre digitalización y salud mental en los 22 países de la comunidad iberoamericana, presentado en la XX Reunión Ministerial Iberoamericana de Juventud celebrada en Zamora, señala que el 60% de los jóvenes de la región sufre ansiedad digital. Este fenómeno, definido como un estado de malestar emocional vinculado al uso excesivo de dispositivos y plataformas, coincide con un promedio de consumo diario que supera las tres horas y media por persona en la región.
El informe, titulado «Entre la vulnerabilidad y la oportunidad: salud mental juvenil en entornos digitales», ha sido impulsado por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Los datos indican que uno de cada cinco jóvenes presenta algún trastorno psicológico relacionado con la exposición intensiva a las redes sociales, un entorno donde la construcción de la identidad y la socialización dependen cada vez más de la validación externa y métricas digitales.
Incremento de trastornos mentales y brecha institucional
Iberoamérica se posiciona como la única región del mundo con un aumento sostenido de trastornos mentales entre la población joven hasta el año 2019. Según el análisis, aproximadamente 16 millones de adolescentes (el 15% del total de este grupo poblacional) conviven con algún diagnóstico de salud mental. La prevalencia de la ansiedad ha escalado del 5,5% a principios de la década de 2000 al 7,3% en 2021, mientras que la depresión se incrementó del 3,5% al 4,4% en el mismo periodo, superando los promedios registrados en los países de la OCDE.
El documento destaca que este crecimiento no ha sido acompañado por políticas públicas suficientes ni marcos institucionales que mitiguen los riesgos psicosociales. Los autores denuncian una inversión pública deficitaria en salud mental y una distribución desigual de los servicios, los cuales se concentran en un 50% en zonas urbanas, dificultando la prevención y el tratamiento temprano en áreas rurales o periféricas.
El impacto del acceso temprano al smartphone
El estudio identifica el teléfono móvil como el factor determinante en estas afecciones. La edad de acceso al primer dispositivo ha descendido notablemente; en el caso de España, se sitúa en una media de 10,9 años. Para los adolescentes, el smartphone trasciende su función de herramienta de ocio para convertirse en el espacio principal de socialización, donde la necesidad de estar «siempre conectado» genera una presión constante que dificulta el descanso psicológico y fomenta el temor a la exclusión.
Finalmente, el informe advierte sobre el impacto en el desarrollo cerebral de los menores, especialmente en áreas vinculadas al control emocional y la regulación de la recompensa. La comunicación mediada por pantallas ha desplazado a la interacción presencial, promoviendo identidades fragmentadas que dependen de la aprobación visible —como los «me gusta» o el número de seguidores—, lo que incide directamente en la autoestima de la población joven en formación.


