El historiador Emilio Lara analiza la impronta del aceite de oliva en la configuración de la civilización mediterránea
El antropólogo, historiador y novelista Emilio Lara ha publicado su reciente obra «Un mar de oro verde» (Ariel), un exhaustivo recorrido por la historia del aceite de oliva y su papel determinante en la evolución del área mediterránea. El autor examina a través de cuatrocientas páginas la transición de este producto desde sus orígenes en el Creciente Fértil hasta su consolidación como un eje económico, social y cultural que define la identidad de los pueblos del sur de Europa y el norte de África.
La investigación destaca que, si bien el cultivo del olivo comenzó en Mesopotamia y se sacralizó en la Grecia clásica bajo la protección de Atenea, fue el Imperio Romano el que transformó el aceite en una industria global. Según sostiene Lara, el «imperium del oleum» constituyó una de las primeras economías globalizadas de la historia, conectando mediante una vasta red comercial regiones como la Bética, Túnez y los confines orientales. En este periodo, el aceite no solo funcionó como alimento, sino como materia prima estratégica para la iluminación, la higiene y la medicina.
El ensayo profundiza en la dimensión simbólica y religiosa que el aceite adquirió con el paso de los siglos. La obra detalla cómo el cristianismo elevó el producto a la categoría de materia sacra mediante los sagrados óleos, integrándolo en los ritos fundamentales de la vida humana. Asimismo, se analiza la expansión del olivar durante el periodo del Imperio Español, un proceso que, aunque enfrentó desafíos climáticos en nuevos territorios, consolidó la imagen del olivo como un elemento definitorio del paisaje y la cultura de España.
Lara manifiesta en su texto una postura crítica hacia la historiografía tradicional, especialmente la de raigambre anglosajona, por haber minimizado históricamente la relevancia del aceite de oliva en el desarrollo de la civilización occidental. Para el autor, el tratamiento superficial que ha recibido este tema en los grandes manuales históricos contrasta con la realidad de un producto que ha modelado geografías enteras y ha servido como nexo de unión entre culturas tan diversas como la siciliana, la cretense, la argelina o la turca.
En el tramo final de la obra, el autor vincula la historia milenaria del olivar con las exigencias del siglo XXI. El texto subraya el respaldo que la investigación científica actual ha otorgado a la dieta mediterránea, posicionando al aceite de oliva como una alternativa esencial frente a los modelos de alimentación procesada. El libro concluye que el olivo no es únicamente un recurso agrícola, sino un patrimonio vivo y una seña de identidad que continúa articulando la memoria y la economía de los países del Mare Nostrum.


