jueves, julio 23, 2026
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Las moscas usan memoria espacial para rastrear olores

Investigadores identifican un sistema de memoria espacial en la navegación olfativa de las moscas

Un estudio liderado por el laboratorio de Vanessa Ruta en la Universidad Rockefeller de Nueva York, y publicado recientemente en la revista Nature, ha revelado que las moscas de la fruta utilizan una estrategia de navegación más sofisticada de lo que se creía anteriormente. Los hallazgos demuestran que estos insectos no dependen únicamente de respuestas reflejas al viento, sino que emplean un sistema de memoria espacial para rastrear columnas de olor y localizar su origen de manera eficiente.

La investigación determinó que, al rastrear una fragancia, las moscas se desplazan sistemáticamente a lo largo del borde de la columna de olor. Esta conducta, denominada «seguimiento de borde», permite a los insectos almacenar una memoria direccional cada vez que entran o salen del flujo químico. Este mecanismo transforma encuentros fugaces con el aroma en recuerdos espaciales que guían al animal de regreso a la fuente, incluso cuando el olor se dispersa o no está alineado con la dirección del viento.

Para alcanzar estas conclusiones, el equipo científico desarrolló un entorno de realidad virtual controlado. En este sistema, una mosca camina sobre una esfera inflable que actúa como una cinta de correr, mientras una boquilla suministra flujos de aire y fragancia de vinagre de manzana de manera precisa. Según Charles Dowell, coautor del estudio, este entorno permitió monitorizar con exactitud qué percibía el insecto en cada momento, superando las limitaciones de observación que presentan las columnas de olor en entornos naturales.

El estudio profundizó en las bases neurológicas de este comportamiento mediante el análisis del complejo central del cerebro, una región ancestral en los insectos vinculada a la navegación. Los investigadores identificaron un conjunto específico de células, las neuronas FC2, que funcionan como una brújula interna. Estas neuronas codifican los objetivos de navegación de la mosca; cuando el insecto abandona la nube de olor, las células apuntan hacia el borde de la columna, reflejando el uso de una memoria angular para retomar el rastro.

Vanessa Ruta, directora del Laboratorio de Neurofisiología y Comportamiento, destacó que el seguimiento de olores es uno de los desafíos más complejos para los animales debido a la invisibilidad y volatilidad de las señales químicas. El experimento demostró que, al silenciar las neuronas FC2, las moscas perdían la capacidad de regresar al rastro olfativo, confirmando que la navegación no es un simple reflejo sensorial sino un proceso computacional basado en la memoria.

Este descubrimiento replantea la comprensión actual sobre las capacidades cognitivas de los insectos. La utilización de circuitos cerebrales similares a los que usan abejas u hormigas para regresar a sus nidos sugiere que la arquitectura cerebral de la mosca de la fruta es capaz de realizar cálculos espaciales adaptativos y flexibles, mecanismos que tradicionalmente se asociaban con animales de cerebros de mayor tamaño.

La investigación concluye que las moscas emplean estas estrategias de búsqueda de manera robusta, alternando entre el seguimiento de bordes guiado por memoria y otras tácticas de búsqueda en condiciones de alta turbulencia. Este avance científico proporciona una nueva base para entender cómo el cerebro procesa información sensorial dinámica para convertirla en acciones de navegación complejas.

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