La exclusión de la escritora Ariana Harwicz de un festival en Granada genera tensión institucional
La cancelación de la participación de la autora argentina Ariana Harwicz en el Festival Cultur-ALH, vinculado a la Universidad de Granada, ha provocado un cruce de reproches institucionales y diplomáticos. La medida, adoptada por la dirección del encuentro tras presiones de colectivos que cuestionan las posiciones de la escritora sobre el conflicto en Oriente Próximo, ha derivado en un comunicado de repudio por parte de la Embajada de Argentina en España y en la condena de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE).
La representación diplomática argentina en Madrid ha calificado el suceso como una «exclusión arbitraria» y ha solicitado formalmente un desagravio hacia la novelista. El embajador, Wenceslao Bunge Saravia, manifestó su preocupación por que un veto de esta naturaleza se produzca en el seno de una universidad pública, advirtiendo que la desprogramación de la autora por sus opiniones públicas constituye un antecedente de especial gravedad que vulnera los principios de pluralidad y convivencia.
Por su parte, la Universidad de Granada ha emitido una postura oficial para desmarcarse de la decisión tomada por la dirección del festival, coordinado por Ana Gallego Cuiñas y Patricia Escalona Ruiz. La institución académica ha salido en defensa de la libertad de expresión, atribuyendo la responsabilidad de la medida exclusivamente a la organización del evento. Mientras tanto, otras entidades colaboradoras, como el Ayuntamiento de Granada, el Instituto Cervantes y Acción Cultural Española, han mantenido silencio o han evitado valorar la decisión de excluir a la autora.
Ariana Harwicz, reconocida internacionalmente por obras como «Matate, amor», denunció haber sido víctima de un mecanismo de acoso y extorsión por parte de otros participantes y colectivos que la acusan de avalar la ofensiva de Israel en Gaza. La escritora sostiene que se ha descontextualizado su discurso y que su exclusión responde a un rechazo a su identidad judía y a su oposición pública a los boicots culturales. Según los organizadores, la retirada de la invitación se justificó por supuestos motivos de seguridad ante el temor de protestas durante su charla.
La Federación de Comunidades Judías de España ha calificado de «imprescindible» que las instituciones responsables expliquen los criterios que condujeron a esta decisión. La FCJE lamentó que entidades de relevancia cultural no se hayan pronunciado ante un hecho que consideran discriminatorio. La situación ha generado una reacción en la sociedad civil, donde un grupo de intelectuales y artistas ha impulsado un manifiesto en apoyo a la libertad creativa y en contra de la cultura de la cancelación.
El manifiesto de apoyo, difundido este miércoles, defiende que ningún autor debe ser apartado de la vida cultural por sostener posiciones controvertidas. El documento exige transparencia a la dirección del festival y una reparación pública para Harwicz, subrayando que el desacuerdo ideológico no debe derivar en una condena personal ni en la exclusión de los foros de debate público bajo la presión de la militancia política.


