La Bóveda Global de Semillas de Svalbard es galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026
La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, la infraestructura de reserva agrícola más importante del mundo, ha sido distinguida este miércoles con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026. El jurado ha reconocido la labor de esta instalación noruega como pieza fundamental en la salvaguarda de la biodiversidad vegetal y la garantía de la seguridad alimentaria global frente a posibles catástrofes naturales, crisis climáticas o conflictos bélicos.
Situada en el archipiélago ártico de Svalbard y establecida en el año 2008 por el Gobierno de Noruega, esta instalación es conocida técnicamente como el depósito de seguridad definitivo para los bancos de germoplasma del planeta. Hasta la fecha, el centro custodia más de 1,38 millones de muestras de 6.536 especies vegetales, integrando el esfuerzo de 132 depositantes voluntarios de todo el mundo bajo el liderazgo de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La gestión operativa de la bóveda se realiza mediante una alianza estratégica entre el Ejecutivo noruego, el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos (Crop Trust) y el Banco Genético Nórdico (NordGen). El proyecto funciona bajo un sistema de conservación de recursos fitogenéticos enmarcado en un tratado internacional que asegura que solo se reciban y conserven semillas compartidas en el ámbito de acuerdos multilaterales destinados a la alimentación humana.
Arquitectónicamente, la infraestructura está excavada a 130 metros de profundidad en una montaña de piedra arenisca cerca de la localidad de Longyearbyen. Su ubicación estratégica la hace impermeable a la actividad volcánica, los movimientos sísmicos y la radiación. Las muestras se conservan a una temperatura controlada de 18 grados bajo cero, contando con el permafrost natural del entorno como sistema de refrigeración de reserva en caso de fallo eléctrico.
El funcionamiento de la bóveda se rige por el principio de «caja negra», el cual estipula que la propiedad de las semillas permanece en manos de los depositantes originales. Solo las instituciones o países que han entregado las muestras tienen la potestad de retirarlas o abrir los contenedores, garantizando la soberanía de cada nación sobre su patrimonio genético agrícola.
Recientemente, el centro ha ampliado su diversidad con aportaciones históricas. El pasado mes de febrero, se incorporó por primera vez la semilla del olivo, mediante un proyecto coordinado por la Universidad de Córdoba, el Consejo Oleícola Internacional (COI) y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España. En esa misma remesa, países como Guatemala y Níger depositaron muestras de cultivos tradicionales, sumando más de 8.800 nuevas entradas de cereales, legumbres y hortalizas de diversos continentes.
La utilidad práctica de este «banco del fin del mundo» quedó demostrada con el caso de Siria. Tras la destrucción del centro agrícola de Alepo debido a la guerra, el Centro Internacional para las Investigaciones Agrícolas en las Zonas Áridas (Icarda) pudo reconstruir sus colecciones en Marruecos y Líbano gracias a los duplicados que mantenía en Svalbard. Actualmente, los responsables de la bóveda supervisan mejoras en las instalaciones para contrarrestar los efectos del calentamiento global en el Ártico y asegurar la viabilidad de las muestras a largo plazo.


