El artista y colaborador Mario Vaquerizo, junto a su esposa, la cantante Olvido Gara (Alaska), ha consolidado un patrimonio inmobiliario valorado en aproximadamente cinco millones de euros. La cartera del matrimonio está compuesta por seis propiedades situadas en la Comunidad de Madrid, reflejando una estrategia de inversión centrada en el mercado residencial como método de ahorro y gestión de capital.
El núcleo operativo y residencial de la pareja se concentra en un edificio histórico cercano a la Gran Vía madrileña, donde poseen tres inmuebles diferenciados. La denominada «Casa Rosa» funciona como su residencia principal, mientras que la «Casa Azul», situada en el mismo bloque, está destinada a actividades profesionales, despachos y eventos sociales. Una tercera vivienda en la misma finca ha sido habilitada exclusivamente como centro de almacenaje para sus colecciones de arte, vestuario y archivos bibliográficos.
La expansión patrimonial en el centro de la capital se completa con una cuarta propiedad ubicada entre las zonas de Gran Vía y Malasaña, orientada al uso privado y la inversión inmobiliaria. Asimismo, el matrimonio ha diversificado sus activos con la adquisición de un piso en el distrito de Carabanchel, extendiendo su presencia hacia barrios residenciales tradicionales de la ciudad.
Fuera de la almendra central de Madrid, destaca una finca de recreo situada en el municipio de Boadilla del Monte. Esta propiedad, que cuenta con una parcela de cerca de 2.000 metros cuadrados, una vivienda de dos plantas y piscina, fue adquirida originalmente a la actriz Bibiana Fernández. La operación permitió a los actuales propietarios asegurar el activo dentro de su círculo de confianza personal mientras diversificaban su cartera con suelo rústico-residencial.
Mario Vaquerizo ha defendido públicamente su modelo de gestión financiera, basado en la reinversión de sus ingresos profesionales en bienes raíces. El artista sostiene que el sector inmobiliario ofrece una seguridad superior a otras formas de ahorro, permitiéndole gestionar su patrimonio bajo criterios de libertad personal y previsión a largo plazo.
Este conjunto de activos es el resultado de más de dos décadas de actividad en la industria del entretenimiento, donde Vaquerizo ha desempeñado roles como representante de artistas, cantante, escritor y colaborador de medios de comunicación. La arquitectura estética de sus propiedades mantiene una línea coherente con la cultura pop y el arte contemporáneo, integrando sus funciones logísticas con su identidad pública.


