Expertos advierten sobre el impacto de los trastornos del sueño en la salud pública y el bienestar juvenil
El doctor García-Borreguero, especialista en medicina del sueño, ha alertado sobre la consolidación de una «epidemia silenciosa» de fatiga crónica que afecta de manera predominante a la población joven. Según el experto, la actual desatención a la higiene del sueño está vinculada directamente con un incremento en los diagnósticos de ansiedad, depresión y diversas patologías metabólicas, desafiando la concepción social de que el cansancio persistente es una condición normal o inherente al envejecimiento.
Uno de los fenómenos más críticos identificados en sus recientes análisis es el denominado «jet lag social». Este patrón, caracterizado por la alteración drástica de los horarios de descanso durante los fines de semana, puede elevar hasta en un 30 % el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y obesidad. El especialista subraya que el déficit agudo de sueño no solo genera agotamiento, sino que produce un desequilibrio hormonal y metabólico con consecuencias estructurales para la salud a largo plazo.
En el ámbito de la seguridad y el rendimiento cognitivo, las investigaciones lideradas por García-Borreguero establecen una equivalencia entre la privación de sueño y la intoxicación etílica. Mantenerse despierto durante 17 horas consecutivas reduce los reflejos y la capacidad de procesamiento a niveles comparables con una tasa de alcohol en sangre del 0,05 %, el límite legal para conducir. El experto advierte, además, que el uso de cafeína o bebidas energéticas no soluciona el problema, sino que «anestesia» al cerebro al bloquear la adenosina, la señal biológica de cansancio, sin reparar el daño cognitivo.
La vinculación entre el descanso y la salud mental es otro de los puntos destacados en el informe técnico. Los datos indican que las personas con insomnio tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión en comparación con aquellas que mantienen hábitos de sueño saludables. Se señala que las dificultades para dormir no son siempre una consecuencia de los trastornos mentales, sino que a menudo actúan como el primer síntoma de alerta ante cuadros de ansiedad o trastornos obsesivo-compulsivos (TOC).
Finalmente, el análisis institucional apunta a que factores como el uso intensivo de pantallas, el consumo de alcohol y la presión social por mantener una actividad constante las 24 horas del día han deteriorado la calidad del descanso general. La comunidad médica insta a reconocer la higiene del sueño como un pilar fundamental de la salud pública, equiparable a la alimentación y el ejercicio físico, para frenar las consecuencias derivadas de lo que consideran un desajuste compatible con las exigencias de la sociedad contemporánea pero incompatible con la integridad fisiológica.


