Yolanda Díaz impulsa una agenda internacional de regulación de la IA para optar a la dirección de la OIT
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha intensificado en las últimas semanas su actividad diplomática con el objetivo de posicionar su candidatura a la secretaría general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Su estrategia se fundamenta en una propuesta programática centrada en la regulación de la inteligencia artificial (IA) y la exportación del modelo laboral español, buscando el respaldo de potencias con voto permanente en el organismo, especialmente de China.
Díaz ha articulado su discurso internacional en torno a la necesidad de establecer un marco normativo global para la IA en el ámbito laboral. La ministra defiende que el desarrollo tecnológico debe estar supeditado a los derechos humanos y las normas laborales, proponiendo el uso de la propia tecnología para garantizar la transparencia algorítmica. En sus recientes intervenciones, como la realizada en la Universidad de Oxford, ha sostenido que el debate actual debe centrarse en la organización de esta nueva materia empresarial para proteger a la población trabajadora.
La ‘Ley Rider’ como referente regulatorio
Como aval técnico de su propuesta, la vicepresidenta presenta la «Ley Rider» aprobada en España en 2021. Según los planteamientos de su sector, esta normativa sirve como ejemplo de la capacidad institucional para intervenir en sectores que operan bajo nuevas dinámicas tecnológicas. Díaz sostiene que la información relativa a las relaciones laborales gestionadas por algoritmos debe ser accesible para los sindicatos, una postura que presenta como contrapunto al modelo de desregulación que, a su juicio, promueve Estados Unidos.
Esta distinción regulatoria ha llevado a la ministra a marcar distancias con la actual administración estadounidense y con los sectores de la Comisión Europea alineados con Washington. Díaz ha calificado de «propuesta política» la tendencia a la desregulación de la IA, reafirmando su apuesta por intervenir en todos los aspectos que afecten directamente a la relación entre empleador y trabajador.
El papel estratégico de China en la OIT
En el marco de su búsqueda de apoyos internacionales, la relación con China se ha convertido en un eje prioritario. Díaz ha realizado diversos viajes oficiales al país asiático, el último de ellos el pasado mes de mayo, donde abogó por una cooperación estrecha entre Europa y Pekín en materia de sinergias tecnológicas. Para la vicepresidenta, el aprendizaje y la colaboración con China son fundamentales en un contexto de competencia global por la hegemonía de los semiconductores y la IA.
El apoyo de China es determinante para las aspiraciones de Díaz, dado que el país ostenta un puesto permanente con derecho a voto en el Consejo de Administración de la OIT. Además, el respaldo de Pekín podría facilitar la captación de votos entre los países africanos y otros Estados que buscan un cambio de rumbo en la dirección del organismo. Este posicionamiento ocurre en un momento en que la OIT enfrenta tensiones presupuestarias y debates internos sobre su alineamiento con las grandes potencias económicas.
Contexto institucional y futuro político
La dirección de la OIT, organismo adscrito a las Naciones Unidas con sede en Ginebra, representa un objetivo de alto nivel institucional que permitiría a la ministra proyectar su carrera fuera de la política nacional tras ocho años de participación en el Ejecutivo de coalición. El cargo no solo implica una relevancia política global, sino que cuenta con una asignación económica anual que ronda los 230.000 dólares.
La posible candidatura se dirime en un escenario de reconfiguración de influencias dentro de la ONU. Ante la posibilidad de que Estados Unidos reduzca sus aportaciones financieras a las agencias internacionales en función de sus ciclos electorales internos, otros actores globales como China podrían aumentar su peso institucional, favoreciendo perfiles que apuesten por un enfoque regulatorio más estricto y una cooperación tecnológica multilateral distinta a la hegemonía tradicional de Washington.


