EE. UU. busca presencia militar permanente en Groenlandia y control de inversiones estratégicas
Las negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos, Dinamarca y el gobierno autónomo de Groenlandia han alcanzado un punto crítico ante la propuesta de Washington de establecer una «cláusula permanente» en los acuerdos de defensa. La administración estadounidense busca garantizar la presencia indefinida de sus tropas en la isla, incluso en un eventual escenario de independencia, al tiempo que demanda facultades para supervisar y bloquear inversiones de potencias extranjeras como China y Rusia en sectores clave de la economía groenlandesa.
El núcleo de la disputa se centra en la modificación del acuerdo militar de 1951 firmado originalmente con Dinamarca. Según fuentes cercanas al proceso, el Departamento de Estado de los Estados Unidos pretende asegurar que su influencia militar no dependa del estatus jurídico de la isla frente a la corona danesa. Esta exigencia ha generado una fuerte resistencia en el Parlamento de Groenlandia, donde representantes locales advierten que tales condiciones representarían un obstáculo insalvable para una soberanía plena en el futuro.
Más allá de la presencia de tropas, la propuesta estadounidense incluye mecanismos de control sobre infraestructuras críticas y recursos naturales. Washington aspira a tener capacidad de veto sobre proyectos de minería y energía, protegiendo así el acceso a importantes reservas de petróleo, uranio y tierras raras. Este interés estratégico responde a la creciente competencia geopolítica en el Ártico, donde Estados Unidos busca limitar el avance de inversiones estatales chinas y la expansión operativa de la Federación Rusa.
En el ámbito operativo, el Pentágono ya ha iniciado evaluaciones técnicas para la expansión de su infraestructura en la región. Oficiales del Cuerpo de Marines han inspeccionado recientemente instalaciones en el sur de la isla, incluyendo el puerto y el antiguo aeropuerto de la Segunda Guerra Mundial en Narsarsuaq. Los planes incluyen la integración de Groenlandia en una red estratégica de radares conectada con Alaska y Canadá, así como la posible construcción de un puerto de aguas profundas y una base destinada a operaciones especiales.
La dirigencia política groenlandesa ha manifestado su inquietud ante lo que consideran un aprovechamiento de su vulnerabilidad económica. Si bien existe un sector de la población favorable a la cooperación en seguridad, figuras como el primer ministro Jens-Frederik Nielsen y la presidenta de la comisión de Exteriores, Pipaluk Lynge, han enfatizado que las decisiones sobre el futuro del territorio deben tomarse de manera interna y sin presiones externas. La preocupación aumenta ante fechas simbólicas del calendario estadounidense que podrían reactivar la presión política desde la Casa Blanca.
Por su parte, Dinamarca mantiene una posición cautelosa como responsable de la política exterior y de defensa del territorio autónomo. Aunque Groenlandia ha ido ampliando sus competencias en las últimas décadas, la dependencia de Copenhague en asuntos estratégicos sigue siendo total, lo que coloca al gobierno danés en una posición mediadora entre las aspiraciones de independencia de Nuuk y las necesidades de seguridad nacional planteadas por su principal aliado en la OTAN.


