Un informe técnico cifra en un 40% el ahorro en el precio de la electricidad mediante la electrificación de Europa
La transición hacia un sistema energético basado en fuentes renovables y la electrificación acelerada permitiría a Europa reducir su dependencia de las importaciones de combustibles fósiles en un 80% para el año 2050. Según el análisis ‘Charging Ahead’, publicado por la firma Copenhagen Infrastructure Partners (CIP), esta transformación no solo reforzaría la seguridad estratégica del continente, sino que reduciría el precio de la electricidad hasta en un 40% respecto a los niveles actuales.
El estudio subraya una equivalencia económica fundamental: el coste anual que la Unión Europea asume actualmente por la importación de combustibles fósiles, estimado en unos 250.000 millones de euros, es comparable a la inversión anual necesaria para materializar la transición energética, calculada en 210.000 millones de euros. De este modo, el informe argumenta que la soberanía energética es financieramente viable al sustituir gastos operativos externos por inversiones en infraestructuras domésticas.
En el contexto actual, los combustibles fósiles importados representan el 40% de la demanda energética de Europa, lo que mantiene al mercado expuesto a la volatilidad geopolítica y a incidentes en rutas de suministro como el Estrecho de Ormuz. El análisis advierte que el precio del gas determina el coste de la electricidad aproximadamente el 60% del tiempo en la UE, con precios que se sitúan entre dos y tres veces por encima de los registrados en Estados Unidos.
Para corregir esta asimetría, el modelo desarrollado junto a Ea Energianalyse propone una hoja de ruta donde, para 2050, el 95% de la demanda energética europea sea cubierta con fuentes de energía limpia producidas localmente. Martin Neubert, socio y COO de CIP, sostiene en el documento que la electrificación cambia el funcionamiento del sistema, permitiendo reducir la exposición a los precios globales mientras se disminuyen las emisiones de forma directa.
Uno de los ejes centrales del informe es la necesidad de modernizar y expandir las infraestructuras de red, identificadas como el principal «cuello de botella» para la competitividad europea. Se estima que Europa requiere una inversión acumulada de 2,9 billones de euros en redes eléctricas hasta mediados de siglo. El análisis advierte de las consecuencias de la inacción legislativa: un retraso de solo dos años en la expansión de la red incrementaría los costes para los consumidores en una horquilla de entre 30.000 y 60.000 millones de euros anuales.
Finalmente, el estudio traslada a los responsables políticos 16 recomendaciones concretas para atraer el capital privado necesario. Entre las prioridades legislativas destacan la protección del diseño del mercado eléctrico, la aplicación de reformas fiscales que incentiven la energía limpia frente a los combustibles fósiles y la creación de incentivos para que los operadores de red realicen inversiones de forma anticipada, evitando así futuros sobrecostes por congestión del sistema.


