miércoles, mayo 13, 2026
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Felipe VI condena a quienes no reprueban el terrorismo de ETA

La Memoria como Pilar de la Coexistencia Democrática

La sociedad española se enfrenta continuamente al desafío de preservar su memoria histórica, especialmente en lo que respecta a las graves consecuencias del terrorismo. En este contexto, el Rey Felipe VI ha reiterado de manera contundente la trascendencia de recordar a cada una de las 853 víctimas mortales de ETA. Su mensaje subraya que la evocación del pasado no busca reavivar viejas heridas ni fomentar el rencor, sino erigirse como un deber cívico fundamental para la robustez y el desarrollo de una sociedad cohesionada. La memoria se convierte así en un catalizador indispensable para la convivencia, enseñando a las nuevas generaciones el valor de la paz y la libertad alcanzadas.

La Incomprensión ante la Indiferencia y la Justificación

Una de las declaraciones más enfáticas del monarca ha sido su profunda incomprensión ante la persistencia de voces que, aún hoy, se niegan a condenar explícitamente el terrorismo. Esta postura, según el Rey, representa un obstáculo para la plena reconciliación y el avance social. Subrayó que el objetivo primordial de la violencia terrorista era socavar la convivencia, aniquilar la libertad y sembrar el odio, impidiendo la comprensión y el diálogo entre quienes tienen diferentes perspectivas. La falta de un repudio claro y unánime a estas atrocidades choca frontalmente con los principios de una sociedad que ha luchado por consolidar sus valores democráticos. La historia reciente de España está marcada por la lucha contra esta barbarie, y cualquier intento de justificarla o minimizarla es una afrenta a las víctimas y a la propia democracia.

El acto en la Universidad Autónoma de Madrid, conmemorando el trigésimo aniversario del asesinato del jurista y profesor Francisco Tomás y Valiente a manos de ETA, sirvió de escenario para estas reflexiones. Tomás y Valiente, figura emblemática de la judicatura española y defensor de la legalidad, encarna la brutalidad sin límites del terrorismo, que no dudaba en atacar a pilares fundamentales de la sociedad y el conocimiento. Su asesinato, como muchos otros, fue un acto de «sinrazón» que buscaba sembrar el terror puro en el corazón de la ciudadanía.

El Legado de la Dignidad y la Enseñanza a las Nuevas Generaciones

El monarca hizo especial hincapié en la necesidad de que los jóvenes, ajenos por fortuna a la experiencia directa del terrorismo, aprendan esta lección fundamental. La historia de las víctimas, sus vidas y el impacto de su asesinato, deben ser transmitidos para que comprendan el precio de la paz y la estabilidad. Más allá de la cifra, cada víctima representa una historia personal, familiar y colectiva, cuyo recuerdo es vital para entender la España actual. España debe su convivencia pacífica y su desarrollo democrático al sacrificio de individuos como Tomás y Valiente, así como a los centenares de servidores públicos y civiles, incluidos niños, que fueron asesinados.

La movilización social que siguió al asesinato de Tomás y Valiente, con el emblemático gesto de las «Manos Blancas», simbolizó la rotunda elección de la sociedad española por la paz, el diálogo y la no violencia. Miles de ciudadanos salieron a las calles de Madrid con las manos pintadas de blanco, expresando una repulsa unánime y pacífica contra el terror. Este movimiento espontáneo demostró que la fuerza de la sociedad civil, unida en la defensa de sus principios, es el arma más eficaz contra la intransigencia y la barbarie. Aquel «gesto hermoso» confirmaba el camino irreversible hacia la democracia que la sociedad había emprendido.

Desafíos Pendientes: Justicia y Consolidación de Valores

A pesar del tiempo transcurrido, numerosos asesinatos perpetrados por ETA aún no han sido resueltos. Este hecho subraya un desafío persistente en la búsqueda de la plena justicia para todas las víctimas y sus familias. La deuda con su memoria y dignidad exige continuar trabajando por una convivencia pacífica, democrática y solidaria, firmemente arraigada en los valores constitucionales que han guiado a España desde su transición. La labor de las instituciones y la sociedad debe estar orientada a garantizar que la justicia prevalezca y que el sacrificio de las víctimas no sea en vano.

En definitiva, las palabras del Rey Felipe VI actúan como un recordatorio esencial de que la construcción de un futuro próspero y en paz depende ineludiblemente de la confrontación sincera con el pasado. Mantener viva la memoria de quienes sufrieron el terrorismo no es solo un acto de justicia, sino una estrategia crucial para fortalecer la resiliencia democrática y asegurar que la violencia nunca más encuentre justificación en la sociedad española. La lucha por la dignidad de las víctimas y la consolidación de los valores democráticos son pilares inamovibles sobre los que se debe edificar el futuro.

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