El Festival Barbitania consolida su propuesta cultural bajo el eje temático de la vivienda y la memoria
La quinta edición del Festival Barbitania concluyó en Barbastro reafirmando su posición como un certamen de referencia en el calendario literario nacional. Bajo el lema «La casa de la literatura», el encuentro dirigido por María Ángeles Naval congregó a escritores, periodistas y académicos para reflexionar sobre el hogar no solo como espacio físico, sino como construcción simbólica a través del lenguaje, la memoria y la identidad colectiva.
En el acto inaugural, la directora del festival, quien cierra su etapa en la presidencia en esta edición, definió el certamen como un «hecho consumado» en la estructura cultural de la región. El programa de este año giró en torno a la pérdida del hogar y el exilio, contando con la participación destacada de la escritora nicaragüense Gioconda Belli. Durante su intervención, Belli analizó la experiencia del despojo político y material, señalando que la palabra constituye la última morada inalienable del individuo frente al desarraigo.
El análisis de la habitabilidad y el entorno social continuó con la presentación de diversas novedades editoriales. La escritora Natalia Moreno presentó «Madonna no nació en Wisconsin», una obra que aborda la precariedad emocional y habitacional en el entorno rural. Por su parte, Juan Trejo introdujo «Nela 1976», una reconstrucción de la memoria familiar y generacional de la España de la Transición, explorando cómo las expectativas de transformación social de la época se reflejaban en el concepto de la casa familiar.
La perspectiva internacional y política fue aportada por la autora checa Monika Zgustova, quien debatió sobre la literatura del exilio y las estructuras de las dictaduras. Asimismo, se hizo referencia a las reflexiones del autor invitado Zülfü Livaneli sobre Estambul como una metrópoli de hogares heredados a través de sucesivos desplazamientos históricos, vinculando la realidad del festival con la actual crisis de vivienda y los conflictos migratorios en el continente europeo.
En el ámbito de la lírica, el festival contó con una mesa redonda integrada por Luis García Montero, Jon Juaristi y Joaquín Pérez Azaústre, moderada por Jordi Amat. Los ponentes coincidieron en que la poesía actúa como un mecanismo para transformar la experiencia privada en un espacio habitable para el lector. Según García Montero, el hecho poético permite que el «yo biográfico» se convierta en un territorio compartido a través de la empatía literaria.
El certamen también sirvió de marco para la entrega de los galardones literarios de la ciudad. Marina Perezagua se alzó con el LVII Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro por su obra ambientada en el Japón post-nuclear, la cual analiza la distorsión de la realidad en la era de la información. Por otro lado, Javier Vicedo Alós recibió el Premio Hermanos Argensola de poesía por un trabajo que el jurado describió como una exploración de un mundo fragmentado.
Con la clausura de esta edición, Barbitania se ratifica como un espacio de convivencia entre los habitantes de la comarca del Somontano y la comunidad literaria, fomentando un modelo de festival que prioriza el diálogo pausado y la reflexión sobre los desafíos contemporáneos de la sociedad a través de la creación artística.


