Un estudio vincula la densidad muscular del torso con una reducción significativa del riesgo de infarto
Una investigación reciente liderada por la Universidad de Edimburgo y publicada en la revista científica Radiology ha determinado que la calidad y densidad de la musculatura del tren superior —específicamente en el pecho y la espalda— constituye un factor determinante en la salud cardiovascular. El estudio concluye que las personas con tejidos musculares más densos presentan una probabilidad considerablemente menor de sufrir eventos coronarios agudos y fallecimientos prematuros en comparación con aquellas que poseen una menor densidad muscular.
Los resultados obtenidos revelan que, por cada incremento de 10 puntos en la densidad de las fibras musculares detectada mediante tomografía, el riesgo de padecer un infarto de miocardio se reduce en un 31 %. Asimismo, la investigación asocia esta mayor densidad con un descenso del 39 % en la probabilidad de muerte en los diez años posteriores a la realización de las pruebas diagnósticas, independientemente de factores de riesgo tradicionales como la edad o la acumulación de calcio en las arterias.
Para alcanzar estas conclusiones, los investigadores emplearon herramientas de inteligencia artificial para examinar las tomografías computarizadas de 1.722 pacientes, con una media de edad cercana a los 50 años, que presentaban síntomas de dolor en el pecho. El análisis se centró en evaluar la composición de los músculos, huesos y órganos de la parte superior del cuerpo. Según el equipo médico, la densidad muscular se manifiesta en los escáneres mediante tonalidades más claras, lo que indica un tejido de mejor calidad, mayor capacidad funcional y una menor proporción de grasa infiltrada.
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que el tamaño o volumen de la musculatura no guarda una relación directa con la protección frente a patologías coronarias. El factor protector reside en la composición y calidad del tejido, no en la cantidad de masa muscular acumulada. En este sentido, los expertos señalan que tanto el entrenamiento de fuerza como otras formas de actividad física contribuyen a mejorar esta densidad, lo que favorece adaptaciones metabólicas y cardiovasculares beneficiosas para el organismo.
Este estudio contribuye a modificar la percepción científica tradicional que vinculaba la salud del corazón casi exclusivamente al ejercicio aeróbico, como correr o nadar. La evidencia actual sugiere que el fortalecimiento de los grupos musculares del pecho y la espalda, esenciales para la estabilidad, la postura y la protección de la columna, es también un indicador fiable de la condición física general y un pilar preventivo fundamental en la medicina cardiovascular moderna.
Pese a la solidez de los datos recopilados, la comunidad científica subraya la necesidad de realizar nuevas investigaciones para profundizar en los mecanismos biológicos exactos que conectan la calidad del tejido muscular con la longevidad. Los autores apuntan, además, que los individuos con mayor densidad muscular suelen mantener estilos de vida más activos y saludables, lo que podría generar un efecto protector multifactorial sobre el sistema cardiovascular.


