Investigadores recomiendan suprimir el uso intencional de pantallas en menores de dos años por riesgos en el desarrollo
Un estudio exhaustivo liderado por investigadores de cuatro universidades del Reino Unido ha concluido que los menores de dos años no deben ser expuestos de manera intencionada y regular a dispositivos digitales. La investigación, considerada la revisión más amplia realizada hasta la fecha sobre esta materia, asocia el uso de smartphones, tabletas y otros aparatos con efectos negativos a largo plazo en la salud, el desarrollo cognitivo y la calidad de vida de los infantes.
El análisis, desarrollado por el equipo de expertos conocido como ADDICT (Action on Digital Device Immersive Conditions Team), advierte de que la exposición temprana puede derivar en problemas de sobreestimulación, dificultades para conciliar el sueño y repercusiones en la salud ocular. Asimismo, el informe señala una correlación con el aumento de la obesidad infantil y una posible limitación en el aprendizaje del lenguaje, debido a la reducción del tiempo de juego interactivo y de la comunicación directa con padres y cuidadores.
A pesar de que el estudio no establece vínculos causales directos e inequívocos, los autores son taxativos en su recomendación institucional: ningún menor de dos años debería recibir tiempo de pantalla de forma deliberada. Según los investigadores, aunque la exposición pasiva es inevitable en el entorno social actual, el uso intencional aumenta los riesgos sin aportar beneficios significativos para el desarrollo del niño en esta etapa crítica.
Rafe Clayton, profesor de la Universidad de Leeds y uno de los autores principales, ha manifestado que la falta de orientaciones claras está induciendo a los progenitores a fomentar hábitos poco saludables. El equipo de investigación insta a las autoridades competentes y a los responsables de elaborar guías de salud pública a replantearse cualquier directriz que sugiera que el uso de pantallas, incluso con fines educativos o comunicativos, es seguro para menores de 24 meses, ya que tales pautas podrían generar una falsa percepción de seguridad.
Esta advertencia científica se produce en un momento de intenso debate sobre la protección de los menores en el entorno digital. En España, los datos oficiales indican que el 92% de los niños de 12 años ya dispone de un teléfono móvil propio. Además, la comunidad científica ha alertado sobre otros efectos colaterales de la digitalización temprana, como el deterioro de la escritura a mano en el 40% de los jóvenes y el impacto de las redes sociales en el desarrollo intelectual antes de los 13 años.
En el ámbito legislativo, diversos países han comenzado a tramitar medidas restrictivas para mitigar estos riesgos. Australia ha sido pionera en la prohibición del acceso a redes sociales para menores de 16 años, un camino que el Gobierno de España también ha propuesto seguir mediante un paquete de medidas destinadas a reforzar la protección de la infancia y la adolescencia en internet. Actualmente, se estima que el 60% de los jóvenes en el ámbito iberoamericano declara sufrir ansiedad digital vinculada al uso de plataformas sociales.
Finalmente, el informe del equipo ADDICT subraya que, mientras el debate público suele concentrarse en los adolescentes, el impacto en la primera infancia ha sido históricamente desatendido. La saturación digital ha provocado, en paralelo, fenómenos como el resurgimiento de dispositivos básicos o «dumbphones», que limitan su función a la comunicación esencial, reflejando una creciente preocupación social por la hiperconectividad desde edades tempranas.


