El Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación elevará este martes al Consejo de Ministros el relevo del embajador de España en la India, Juan Antonio March, quien será sustituido por Alfredo Martínez, hasta ahora jefe de la legación en Canadá. Martínez, quien desempeñó el cargo de jefe de Protocolo de la Casa de Su Majestad el Rey entre 2014 y 2021, asumirá la titularidad en Nueva Delhi tras la salida forzada de March, marcada por presuntas irregularidades en su gestión y una investigación en curso por parte de la Fiscalía Anticorrupción.
La vacante generada en la Embajada de España en Ottawa será cubierta por María Luisa Benítez, actual jefa de gabinete del secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Diego Martínez Belío. Estos movimientos, dirigidos por el ministro José Manuel Albares, se producen tras la obtención de los plácets correspondientes por parte de las autoridades de India y Canadá, permitiendo así la reestructuración de dos puestos clave en la diplomacia española en el exterior.
La destitución de Juan Antonio March se produce meses después de que la Fiscalía Anticorrupción recibiera, a finales de mayo, un escrito detallando indicios de posibles delitos en el ámbito de la contratación pública y la gestión de fondos. Las acusaciones se centran en la organización de eventos culturales al margen de los cauces oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores. El diplomático, que apenas ha cumplido dos años en el cargo tras un polémico proceso de nombramiento, ya había sido objeto de críticas por parte del sindicato UGT, que solicitó su cese inmediato hace ocho meses.
El origen de la controversia administrativa se sitúa en una serie de conciertos planificados en el estado indio de Rajastán para principios de 2026. Según informes internos del consejero cultural de la embajada, March habría gestionado de manera unilateral el patrocinio de estos actos, solicitando fondos a empresas españolas radicadas en India y al gobierno regional de Rajastán sin registrar dichas transacciones en la caja oficial de la legación ni utilizar el sistema Sicce, de obligado cumplimiento para la fiscalización de actividades culturales.
Entre los detalles que constan en los informes remitidos a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), destaca la contratación reiterada de la mezzosoprano china-alemana Huiling Zhu. La artista, a quien se vincula sentimentalmente con el embajador, habría percibido 18,000 euros en 2025 por actuaciones en Nueva Delhi, Katmandú y Bután. Para la gira de 2026, el embajador habría apalabrado otros 14,000 euros, a pesar de que la normativa diplomática prioriza la promoción de artistas españoles o residentes con vínculos culturales directos con España.
Asimismo, el informe del consejero cultural advirtió sobre la instrucción expresa del embajador de no informar a la sede central en Madrid sobre estos movimientos económicos. March habría intentado canalizar los fondos de los patrocinadores directamente a la compañía logística local STEM Dance Kampani, evitando así el control administrativo de la Cancillería. Se documentó también una solicitud de fondos a la empresa BLS, encargada de la externalización de visados para España, para sufragar vuelos internacionales de los artistas implicados.
La gestión de March en Nueva Delhi también se vio comprometida por la actividad profesional de su hija, Milena March Franzi. La hija del embajador, que posee pasaporte diplomático, impartió talleres de gestión de marca en una institución cinematográfica india cuyo presidente nombró al embajador como «patrono» del Foro Cinematográfico y Cultural Indo-Español. Este vínculo comercial y el uso del documento diplomático para actividades privadas han formado parte del expediente revisado por el departamento de Albares.
El relevo pone fin a una trayectoria diplomática que ya había registrado episodios de controversia en destinos previos. Juan Antonio March fue cesado como embajador en Rusia en 2011 y protagonizó una gestión cuestionada en la representación permanente ante la ONU en Ginebra, vinculada a los sobrecostes de la cúpula de Miquel Barceló. Con su salida de Nueva Delhi, el diplomático no podrá completar su plan de jubilarse en el puesto al alcanzar los 70 años en 2028.


