Expertos advierten sobre los riesgos del golpe de calor en mascotas ante el aumento de temperaturas
Ante el incremento de las temperaturas estacionales, especialistas en salud veterinaria han emitido una serie de recomendaciones técnicas para prevenir y detectar el golpe de calor en animales domésticos. A diferencia de los seres humanos, los perros poseen una capacidad limitada para termorregularse a través de la piel, dependiendo casi exclusivamente del jadeo para disipar el calor corporal, lo que incrementa su vulnerabilidad ante entornos de alta radiación térmica.
La veterinaria Laura Fernández ha señalado que la temperatura basal de los canes se sitúa habitualmente en los 38,2 °C. No obstante, en situaciones de exposición prolongada al calor, esta cifra puede ascender hasta los 42 °C, un umbral crítico que puede desencadenar fallos multiorgánicos. El mantenimiento de esta temperatura elevada durante periodos prolongados compromete el funcionamiento de órganos vitales como el cerebro y los riñones, pudiendo derivar en un desenlace fatal para el animal en cuestión de horas.
Identificación de signos clínicos de alarma
La detección temprana de la sintomatología es fundamental para la supervivencia de la mascota. Según los protocolos de urgencias veterinarias, existen siete señales de alerta que los propietarios deben monitorear: jadeo excesivamente rápido y sonoro, cuadros de cansancio extremo o inquietud inusual, y la presencia de hipersalivación con una consistencia espesa. Asimismo, la coloración de las mucosas es un indicador clave; unas encías de tono rojo oscuro o azulado sugieren una oxigenación deficiente.
En estadios más avanzados, el animal puede presentar pérdida de la coordinación motora, desorientación o colapso físico repentino. Ante la observación de estos síntomas, los expertos subrayan la importancia de intervenir de manera inmediata, pero advierten sobre un error común y perjudicial: la aplicación de agua excesivamente fría o helada para reducir la temperatura.
Protocolos de actuación y errores comunes
El uso de agua helada durante un golpe de calor provoca una vasoconstricción periférica inmediata. Este fenómeno contrae los vasos sanguíneos y dificulta la expulsión del calor interno, atrapando la temperatura elevada en los órganos centrales. El procedimiento correcto consiste en realizar un enfriamiento gradual utilizando agua fresca, aplicando el líquido de manera suave en zonas estratégicas de alta vascularización como el abdomen, las ingles, las axilas y las almohadillas plantares.
Medidas de prevención y manejo ambiental
La prevención institucional y clínica se centra en la modificación de los hábitos de paseo y el entorno del animal. Se recomienda restringir la actividad física a las primeras horas de la mañana o las últimas de la noche, evitando el pico de radiación solar. Además, es imperativo garantizar el acceso permanente a agua limpia y fresca, así como a espacios con sombra ventilada.
Como recursos complementarios, los especialistas sugieren el uso de mantas refrigerantes o áreas de inmersión controlada en zonas con agua. El consenso veterinario recalca que la anticipación es la herramienta más eficaz, instando a los cuidadores a no esperar la aparición de síntomas críticos para implementar medidas de alivio térmico en el marco de la seguridad animal.


