La génesis de ‘El tercer hombre’: crónica de una obra maestra del cine de posguerra
El proceso de creación de ‘El tercer hombre’, considerada una de las obras cumbres de la cinematografía mundial, revela una compleja arquitectura de colaboración entre el escritor Graham Greene y el director Carol Reed. La película, ambientada en la Viena de la posguerra, surgió de un encargo del productor Alexander Korda, quien buscaba retratar la realidad de la ocupación aliada en una capital dividida en cuatro zonas de influencia: estadounidense, británica, francesa y soviética.
El origen del guion se remonta a una breve anotación que Greene, antiguo agente del servicio de inteligencia británico, había realizado años atrás en el reverso de un sobre. Para abordar el encargo de Korda, el autor necesitó desarrollar primero un relato literario que sirviera como base emocional y atmosférica antes de acometer la redacción del guion definitivo. Esta fase previa permitió establecer la profundidad de los personajes y el entorno de penuria y criminalidad que caracterizaba a la Europa de finales de los años cuarenta.
La producción en Viena estuvo marcada por una intensa labor de documentación. Greene, guiado por informadores locales y oficiales de inteligencia, exploró la red de alcantarillado de la ciudad, que servía como vía para el mercado negro. Fue en este entorno donde se consolidó la historia de Harry Lime, el traficante de penicilina adulterada, un personaje cuya construcción final se vio influenciada por la incorporación del actor estadounidense Orson Welles en el reparto.
Uno de los puntos de mayor debate creativo entre Reed y Greene fue el desenlace de la cinta. Mientras que el autor inicialmente contemplaba un final más optimista donde los protagonistas se marchaban juntos, el director insistió en la secuencia hoy icónica del cementerio, donde Anna Schmidt ignora a Holly Martins. Greene admitiría posteriormente que la visión cinematográfica de Reed fue más acertada para la coherencia narrativa de la obra.
El rodaje se caracterizó por una logística técnica innovadora para la época. Carol Reed empleó tres equipos de filmación simultáneos para cumplir con los plazos de producción, trabajando jornadas de hasta veinte horas. Además, el director rompió con la tradición de los estudios al rodar extensamente en exteriores reales, utilizando objetivos de gran angular bajo la dirección de fotografía de Robert Krasker para acentuar la distorsión y el ambiente opresivo de las ruinas vienesas.
La identidad sonora de la película también fue fruto de la casualidad. Durante su estancia en Viena, Reed descubrió a Anton Karas, un músico que tocaba la cítara en una taberna local. El director decidió trasladar a Karas a Londres para sincronizar su música con las imágenes. De este encuentro surgió el célebre «Tema de Harry Lime», una melodía que el propio Karas había compuesto años antes y que se convirtió en un elemento indisociable del éxito comercial y artístico del filme.
Finalmente, ‘El tercer hombre’ logró sortear las presiones de la censura de la época mediante sutiles modificaciones en el guion, como el uso de voces en off para justificar los disparos finales como cumplimiento de órdenes oficiales. La película permanece hoy como un documento histórico y artístico que trasciende su intención original de entretenimiento para consolidarse como un estudio sobre la lealtad, la traición y las secuelas éticas del conflicto bélico.


