Análisis sobre la evolución del realismo social y la transición hacia la experiencia digital en la infancia
El escritor Jesús Ferrero ha planteado una reflexión sobre la transformación de la percepción de la realidad, contrastando las vivencias generacionales marcadas por el realismo físico del siglo XX frente a la actual inmersión en entornos virtuales. A través de un análisis comparativo entre la vida urbana contemporánea en París y la realidad industrial del País Vasco en décadas pasadas, el autor examina la progresiva desaparición del contacto directo con el entorno sensible en favor de la mediación tecnológica.
La observación actual se sitúa en el Jardín de Luxemburgo, donde la interacción social y la relación con el espacio público aparecen condicionadas por el uso de dispositivos móviles. En este escenario, la infancia se define por una búsqueda de estímulos digitales que actúan como reguladores del comportamiento, sustituyendo la interacción física y el conflicto ambiental por la contemplación de pantallas. Según Ferrero, este fenómeno representa la culminación de lo que filósofos como Jean Baudrillard denominaron la extinción de lo real.
En contraposición, el análisis rescata la experiencia de la infancia en entornos como Zumárraga, caracterizada por lo que se define como un realismo absoluto. En aquel contexto, la autoridad se ejercía de manera unidireccional y la realidad se manifestaba a través de elementos tangibles y, a menudo, hostiles: la actividad de las fundiciones, los accidentes laborales y una presencia constante de la finitud humana. El realismo no era entonces una categoría estética, sino una circunstancia vital ineludible marcada por la dureza del entorno industrial.
El estudio de esta transición subraya cómo los mecanismos de escape han evolucionado. Mientras que para las generaciones anteriores la fantasía se encontraba en espacios acotados como el cine dominical o los tebeos —vistos como excepciones a una cotidianidad cruda—, para la generación actual la ficción digital es el estado predominante. La realidad física, despojada de la atención de los individuos, pasa a un segundo plano frente a la construcción virtual que ofrecen los terminales móviles.
Ferrero recurre a referencias literarias de autores como Miguel Delibes, Franz Kafka o Esperanza Ortega para ilustrar una época donde cada objeto y sensación poseía una presencia real y un peso específico. Esta «intensidad de la existencia» permitía a los jóvenes integrarse de manera temprana en las responsabilidades de la vida adulta, dominando una realidad que se percibía como auténtica pese a su dureza.
Finalmente, la nota concluye que la sociedad contemporánea habita una paradoja de «presencia ausente». El individuo, aunque físicamente ubicado en entornos de alto valor estético y natural, se encuentra desplazado hacia una dimensión abstracta. La sonrisa del niño frente a la pantalla se interpreta como el símbolo de una realidad que ha dejado de ser el eje central de la experiencia humana para convertirse en un trasfondo ignorado.


