El incendio de La Mierla devasta 26.000 hectáreas y compromete la viabilidad del sector ganadero en Guadalajara
El incendio forestal iniciado en el término municipal de La Mierla ha calcinado ya más de 26.000 hectáreas en la Sierra Norte de Guadalajara, consolidándose como una de las emergencias medioambientales más graves de los últimos años en la provincia. Más allá del daño ecológico, el avance de las llamas ha puesto en situación de extrema vulnerabilidad al sector ganadero de la comarca, que enfrenta la pérdida total de los pastos y el desplazamiento forzoso de cientos de cabezas de ganado para garantizar su supervivencia.
Ante la virulencia del fuego, la dirección de la emergencia ha ampliado este lunes las medidas de protección civil. Se ha ordenado la evacuación preventiva de la localidad de Alpedroches y el confinamiento de los municipios de Hijes, Miedes de Atienza, Casillas, Bochones, Romanillos de Atienza y Bañuelos de Atienza. Asimismo, diversas carreteras de la zona permanecen cortadas para facilitar el despliegue de los equipos de extinción que trabajan en el perímetro del incendio.
Fernando Moreno, presidente de la Agrupación de Ganaderos de la Sierra Norte de Guadalajara, ha descrito la coyuntura como «horrible» para el sector primario local. Según la organización, la desaparición de las zonas de pastoreo obligará a las explotaciones familiares a depender exclusivamente de la compra de pienso y forraje externo durante meses. Este incremento imprevisto en los costes operativos pone en riesgo la viabilidad financiera de decenas de granjas que ya operaban con márgenes estrechos.
La logística de salvamento de los animales está resultando especialmente compleja. Los profesionales de la zona informan de reses que han permanecido hasta tres días sin acceso a agua y que han tenido que ser conducidas a terrenos ya calcinados como único refugio seguro frente al avance de las llamas. Ganaderos como David Santos, desde Ujados, califican la situación de «desoladora», señalando que la destrucción de los pinares y el ecosistema de la sierra supondrá una herida que tardará décadas en cicatrizar.
El impacto humano del incendio también se refleja en el tejido social de una comarca marcada por el envejecimiento demográfico. La evacuación de personas mayores y la pérdida del paisaje que constituye su medio de vida han generado una profunda incertidumbre sobre el futuro de la Sierra Norte. Los residentes y profesionales afectados reclaman mayor apoyo institucional sobre el terreno para coordinar el movimiento de los animales y asegurar suministros básicos ante la pérdida de infraestructuras ganaderas.
A falta de una estabilización definitiva del fuego, las previsiones para la zona son pesimistas en términos de recuperación inmediata. La magnitud de la superficie quemada y la intensidad del incendio sugieren que la regeneración de los pastos naturales no se producirá a corto plazo, lo que obligará a una reestructuración profunda de la actividad ganadera en la región para evitar el abandono definitivo de las explotaciones afectadas.


