Análisis clínico identifica la impotencia, la inutilidad y el infortunio como barreras principales para el bienestar emocional
El psiquiatra Jesús de la Gándara, tras décadas de práctica clínica y observación directa de miles de pacientes, ha definido un marco de comprensión sobre el sufrimiento humano basado en tres sentimientos recurrentes: la impotencia, la inutilidad y el infortunio. Según expuso el especialista en una reciente intervención en la plataforma educativa Aprendemos Juntos de BBVA, estos estados emocionales operan como los principales obstáculos sistémicos que impiden a los individuos alcanzar un estado de bienestar y equilibrio psicológico.
La síntesis profesional de De la Gándara desglosa la impotencia como la pérdida de la capacidad percibida por el sujeto para influir en su propia trayectoria vital, una sensación que suele verse alimentada por el estrés crónico y las enfermedades mentales. En segundo término, el sentimiento de inutilidad se vincula a una erosión profunda de la autoestima, donde la persona cuestiona de forma sistemática su valor y competencias. Finalmente, el infortunio se manifiesta como la creencia arraigada de que las circunstancias externas operan siempre de manera desfavorable, lo que suele derivar en una actitud pasiva ante los acontecimientos.
Para contrarrestar estos vectores negativos, el facultativo propone una estrategia de sustitución basada en tres pilares positivos: la fortaleza, la fecundidad y la fortuna construida. La fortaleza se define en este contexto como la resiliencia y la capacidad operativa para manejar la adversidad y recuperar el control sobre la propia vida. La fecundidad, por su parte, se refiere a la necesidad humana de generar un impacto valioso en el entorno, promoviendo la idea de que una vida plena es aquella que logra aportar algo positivo a la sociedad.
Respecto al tercer pilar, De la Gándara establece una distinción técnica entre el azar y la fortuna. Mientras que el azar es incontrolable, la fortuna se describe como un estado que se construye mediante el trabajo, el estudio y la preparación previa. Bajo esta premisa, el especialista introduce el concepto de serendipia, subrayando que los hallazgos o éxitos inesperados requieren necesariamente de un individuo capacitado para reconocer la oportunidad y actuar en consecuencia.
El análisis concluye que la preparación técnica y emocional es el factor determinante para aprovechar las coyunturas favorables. Según el psiquiatra, la percepción de «buena suerte» suele favorecer a quienes han desarrollado previamente los conocimientos y habilidades necesarios para identificar las oportunidades cuando estas se presentan, transformando así el enfoque pasivo del infortunio en una gestión activa del destino personal.


