La escritora Leila Slimani analiza la identidad y el diálogo cultural en su residencia en el Museo del Prado
La escritora franco-marroquí Leila Slimani, ganadora del Premio Goncourt en 2016, se encuentra actualmente en Madrid participando en la Residencia Literaria Internacional «Escribir el Prado». Esta iniciativa, patrocinada por la Fundación Loewe, invita a autores de prestigio a explorar las colecciones, la historia y los talleres del Museo Nacional del Prado para utilizarlos como fuente de inspiración en su creación literaria. Slimani, que permanecerá en la pinacoteca hasta principios de mayo, ha compartido sus primeras reflexiones sobre el papel del arte como puente entre culturas y la complejidad de las identidades contemporáneas.
Durante su estancia, la autora ha destacado la relevancia del Siglo de Oro español, subrayando la estrecha relación entre la plástica y la narrativa de la época. Slimani sostiene que la pintura de este periodo refleja una concepción del mundo donde la ficción y el decorado adquieren un papel central, permitiendo un análisis profundo sobre la representación de la realidad. Esta perspectiva le ha servido para abordar temas transversales como la globalización y la percepción del «otro» a través de los siglos, observando cómo los pintores históricos fijaron su atención en diversas etnias, incluida la marroquí.
En el marco de los debates actuales sobre la descolonización de los museos, la escritora ha manifestado una postura pragmática. Según Slimani, los procesos jurídicos para determinar la titularidad de determinadas piezas son complejos, por lo que aboga por evitar soluciones simplistas. En su lugar, defiende que las instituciones universales deben fomentar un diálogo activo entre piezas de diferentes orígenes, permitiendo que las culturas encuentren espacios de encuentro y reconocimiento mutuo dentro de los espacios museísticos occidentales.
La autora también ha reflexionado sobre la relación entre España y Marruecos, señalando una persistente falta de curiosidad en Occidente hacia la cultura árabe. Slimani ha hecho hincapié en que la historia común entre ambas naciones es evidente en la arquitectura, la lengua y la gastronomía, advirtiendo que el desconocimiento del vecino puede alimentar prejuicios y tensiones sociales. Para la novelista, la literatura y el arte son herramientas fundamentales para aportar complejidad a un mundo que a menudo se intenta reducir a discursos binarios y excluyentes.
En el ámbito político, Slimani se ha referido al auge de retóricas basadas en el miedo y la identidad nacional. Ha defendido la necesidad de líderes capaces de explicar la importancia de la inmigración para el futuro de Europa y de proteger el arte como un espacio de entendimiento. «Leer un libro es entender que nada es negro o blanco», ha señalado, posicionando la cultura como el antídoto necesario frente a la manipulación de la identidad y los mensajes políticos simplificados.
La dimensión social del deporte también ha ocupado un lugar en sus intervenciones, especialmente con la vista puesta en el Mundial de Fútbol de 2030, que organizarán conjuntamente España, Portugal y Marruecos. Slimani ve en este evento una oportunidad para que las nuevas generaciones de ambos lados del Estrecho fortalezcan vínculos y compartan un imaginario común. La escritora considera que el deporte, al igual que el arte, ofrece un espacio de igualdad reglamentaria que refleja la historia social y política del último siglo.
Finalmente, la autora de «Me llevaré el fuego» ha analizado la evolución generacional en Marruecos. Ha contrastado el temor a las estructuras de poder que marcó a las generaciones anteriores con la actitud de la juventud actual, a la que define como conectada y decidida a participar en la vida pública del país. Slimani vincula este anhelo de apertura con la tradición del tenebrismo pictórico, sugiriendo que, al igual que en las obras de Goya, la búsqueda de luz frente a las estructuras autoritarias sigue siendo una constante en la narrativa humana.


