La relación de la Familia Real con la automoción: entre la afición de Felipe VI y el protocolo de seguridad
La presencia de la Familia Real en Palma de Mallorca durante el periodo estival ha vuelto a poner de manifiesto las distintas dinámicas que mantienen sus miembros al volante. Mientras que el Rey Felipe VI y la Princesa de Asturias muestran una inclinación activa por la conducción, la Reina Letizia opta habitualmente por una posición secundaria en los desplazamientos, una decisión fundamentada en estrictos protocolos de seguridad institucional y necesidades logísticas propias de la Jefatura del Estado.
El Rey Felipe VI ha consolidado a lo largo de las décadas una imagen de aficionado al motor, una práctica que inició formalmente en la primavera de 1986. Tras alcanzar la mayoría de edad, el entonces Príncipe de Asturias obtuvo su permiso de conducir tras compatibilizar sus estudios con la formación en la Academia General Militar de Zaragoza. Su primer vehículo, un Seat Ibiza de primera generación y color dorado, se convirtió en un símbolo de la época; fue modificado específicamente por la fábrica de Martorell para adaptarse a su fisionomía, incluyendo asientos deportivos a medida y un motor de 1.5 litros.
Protocolo y seguridad en los desplazamientos de la Reina
A diferencia del monarca, la Reina Letizia rara vez asume el control de los vehículos en apariciones públicas o privadas. Esta circunstancia no responde a una falta de pericia, dado que durante su trayectoria profesional como periodista conducía habitualmente su vehículo privado, sino a la estructura de seguridad de la Casa Real. Como parte del núcleo central de la Jefatura del Estado, sus desplazamientos suelen estar gestionados por conductores profesionales del Servicio de Seguridad, lo que garantiza una coordinación constante por radio con los escoltas y la capacidad de ejecutar maniobras de evasión ante eventuales contingencias.
Asimismo, el uso de conductores oficiales permite a la Reina optimizar los tiempos de traslado para tareas institucionales, como la revisión de agendas o la preparación de discursos. No obstante, existen excepciones documentadas en entornos de menor exposición, como las vacaciones en Mallorca, donde se ha observado a la Reina al volante de vehículos familiares o de alquiler en excursiones privadas junto a la Reina Sofía y sus hijas.
La formación militar y civil de la Princesa Leonor
La continuidad de la tradición automovilística en la Corona ha recaído en la Princesa Leonor, quien obtuvo su licencia de conducción en marzo de 2024. Su formación se llevó a cabo a través del Servicio de Automovilismo de la Academia General Militar de Zaragoza. Este proceso le ha permitido obtener no solo el permiso civil Clase B, sino también la habilitación para operar vehículos militares ligeros y tácticos, habilidades adquiridas durante sus maniobras en el campo de adiestramiento de San Gregorio.
El debut público de la Princesa de Asturias al volante tuvo lugar este verano en la isla balear, donde condujo un Seat Ateca negro, un modelo que algunos analistas consideran un guiño institucional a la marca española que proveyó el primer vehículo de su padre. Con este paso, la heredera al trono se integra en la dinámica de movilidad autónoma que el Rey ha mantenido como una de sus principales señas de identidad en sus momentos de asueto.
Patrimonio y restauración
La vinculación del Jefe del Estado con el sector automotriz español tuvo un hito significativo en diciembre de 2014. Durante una visita oficial a la planta de Seat en Martorell, la compañía presentó al monarca su primer Seat Ibiza dorado, recuperado y restaurado íntegramente por los técnicos de la marca. El vehículo, que había sido retirado del servicio activo años atrás, se conserva ahora como parte de la memoria histórica de la firma y de la propia biografía del monarca, subrayando el vínculo persistente entre la Corona y la industria nacional del motor.


