Un estudio académico advierte que el trauma infantil se manifiesta mediante conductas ante la ausencia de relato verbal
Una reciente revisión sistemática liderada por la Universidad Europea de Valencia ha actualizado las evidencias científicas sobre el impacto del maltrato y la negligencia en menores, concluyendo que el trauma se manifiesta primordialmente a través del comportamiento y respuestas físicas. La investigación subraya que la incapacidad de un niño para verbalizar su experiencia no debe interpretarse como una ausencia de daño, ya que las huellas neuropsicológicas suelen expresarse de manera no verbal durante años.
El trabajo, desarrollado por la investigadora Ángela Latorre Navarro bajo la dirección de la profesora Valeria Adriana Farriol Baroni, ratifica las tesis de referentes internacionales en la materia como Bessel van der Kolk, Bruce Perry o Judith Herman. El estudio sostiene que las experiencias traumáticas tempranas alteran el desarrollo emocional y neuropsicológico, consolidando una sintomatología que varía significativamente en función de la etapa madurativa del menor.
Según los resultados de la revisión, en la primera infancia predominan las señales indirectas. Los especialistas identifican como indicadores recurrentes la recreación de situaciones traumáticas mediante el juego o el dibujo, pesadillas constantes, ansiedad manifestada físicamente y regresiones conductuales, tales como la enuresis. Asimismo, se observa una dependencia excesiva de las figuras de apego y respuestas de temor desproporcionadas ante estímulos como la oscuridad o la separación de los cuidadores.
En el caso de los adolescentes, el estudio señala que la sintomatología adopta formas más complejas. En este grupo de edad son más frecuentes los recuerdos intrusivos o flashbacks, las conductas autolesivas, la impulsividad y los cambios bruscos de humor. La investigación destaca que, en ambos casos, el núcleo del trauma reside en la reaparición de una angustia intensa cuando el menor se expone a estímulos o personas vinculadas, de manera directa o simbólica, con la agresión o negligencia sufrida.
Finalmente, los autores de la revisión enfatizan la necesidad de que los profesionales del ámbito social, educativo y sanitario cuenten con formación específica para reconocer estas señales. El informe concluye que la detección temprana de las manifestaciones no verbales es una herramienta fundamental para prevenir la revictimización y garantizar una intervención adecuada que proteja el bienestar integral de los menores afectados.


