lunes, julio 13, 2026
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Manolo García y su refugio en Férez: paz y raíces en Albacete

Manolo García reivindica la identidad rural de Férez como eje de su trayectoria personal y artística

El músico y artista plástico Manolo García ha consolidado a lo largo de su carrera un estrecho vínculo con la localidad de Férez, en la provincia de Albacete, a la que define como su «patria de luz». El exintegrante de El Último de la Fila, nacido en Barcelona pero de raíces familiares manchegas, señala a este municipio de la Sierra del Segura como el espacio fundamental para su equilibrio personal y su comprensión de la naturaleza frente al entorno urbano.

Para el intérprete, Férez representa un contraste necesario con el ritmo de las grandes ciudades. Según ha manifestado el propio García, el entorno rural le permite reencontrarse con un «ritmo humano» alejado de las dinámicas industriales. En esta localidad, donde es reconocido por los vecinos como «el hijo del Almendro», el artista encuentra el silencio y la desconexión necesarios para su proceso creativo, destacando el respeto a la tierra como una forma esencial de sabiduría que trasciende el ámbito académico.

El municipio de Férez, integrado en la comarca de la Sierra del Segura, se distingue por una orografía abrupta y espectacular que lo diferencia de la llanura manchega tradicional. Su casco antiguo conserva el trazado de origen árabe y alberga monumentos de relevancia patrimonial, como la Iglesia de la Purísima Concepción, datada en el siglo XVI y de estilo renacentista con influencias góticas. Entre sus tesoros destaca un órgano histórico del siglo XVIII, considerado una pieza de referencia en la organería española, además de un mural pictórico realizado por el propio García que refleja su característico estilo onírico.

La identidad de la zona está profundamente ligada a la actividad agrícola, especialmente a la producción de aceite de oliva virgen extra de alta montaña. La geografía del lugar, que incluye parajes como el Cañón del río Segura, favorece una gastronomía basada en productos de proximidad. Entre los platos más representativos se encuentran el ajo pringue y el atascaburras, recetas que forman parte del ecosistema cultural que el músico defiende como baluarte de una España que lucha por preservar su identidad frente al olvido y la estandarización tecnológica.

Manolo García, cuya trayectoria alcanzó su cénit con discos como «Enemigos de lo ajeno» o «Arena en los bolsillos», ha mantenido una filosofía de vida caracterizada por la frugalidad y un histórico rechazo a la hiperconectividad digital. A sus 70 años, el artista compagina su actividad en los escenarios con su faceta de hacedor de cosas, residiendo de forma alterna entre Barcelona y su refugio en Albacete. En Férez, el músico mantiene una vida integrada en la cotidianidad vecinal, alejado de la exposición mediática que ha marcado su carrera profesional.

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