Mandos militares califican como «guerra híbrida» la estrategia de Marruecos en Ceuta y Melilla
Fuentes militares de alto nivel consideran que los incidentes registrados en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla durante los últimos meses responden a una operación coordinada de «guerra híbrida». Según el análisis de diversos sectores de las Fuerzas Armadas, el despliegue de medios por parte de Marruecos, que ha incluido capacidades terrestres, marítimas, aéreas y espaciales, habría tenido como objetivo principal evaluar la capacidad de reacción y la operatividad de la defensa española ante desafíos a su soberanía territorial.
El escenario analizado sitúa el inicio de esta crisis en el asalto masivo a Ceuta ocurrido los días 30 y 31 de julio, donde se estima una entrada de entre 80.000 y 100.000 personas. No obstante, los informes internos subrayan que bajo la apariencia de una crisis migratoria se ejecutó un despliegue técnico que incluyó el uso de satélites espía, vuelos de cazas F-16 y la incursión de buques de guerra en aguas jurisdiccionales españolas sin sistemas de geolocalización activos.
Despliegue terrestre y tácticas de guerrilla
En el ámbito terrestre, las fuentes consultadas destacan que entre la masa civil que accedió a Ceuta se detectó la presencia de agentes de la inteligencia marroquí y militares en activo. Estos elementos habrían coordinado movimientos de masas y, según investigaciones del Ejército de Tierra, podrían estar involucrados en emboscadas contra patrullas españolas mediante tácticas de guerra de guerrillas, tales como el bloqueo de retaguardias y el uso de obstáculos preparados.
Los analistas descartan que los militares marroquíes identificados fueran desertores, argumentando que el comportamiento táctico observado en las algaradas responde a una planificación profesional. El objetivo de estas acciones sería medir los tiempos de respuesta y los protocolos de contención de las unidades españolas desplegadas en la zona fronteriza.
Incursiones navales y apagón de radares
La vertiente marítima de esta crisis incluye al menos una decena de incidentes que involucraron a entre 12 y 15 buques de guerra marroquíes. Según los registros de navegación, unidades de élite como la fragata Mohammed VI y la corbeta Tarek Bin Zayed navegaron dentro de las 12 millas náuticas de soberanía española rodeando Ceuta. En varios de estos episodios, los buques mantuvieron apagado el sistema AIS (Sistema de Identificación Automática), dificultando su seguimiento por radares civiles.
Destaca especialmente la posición de una corbeta clase SIGMA, que se habría situado a 15 kilómetros de la costa ceutí, situándose dentro del alcance operativo de su artillería principal. Estos movimientos provocaron comunicaciones tensas entre el Almirantazgo español y su contraparte marroquí para exigir la retirada de las unidades de aguas territoriales del Estado.
Presión aérea y vigilancia satelital
La ofensiva se extendió al espacio aéreo de Melilla, donde se detectaron vuelos rasantes de cazas F-16 coincidiendo con maniobras de defensa aérea españolas en la zona de Málaga. Asimismo, durante el mes de septiembre, drones de la Gendarmería marroquí interfirieron en la senda de aproximación del aeropuerto de Melilla, obligando en dos ocasiones a aeronaves civiles a posponer sus aterrizajes por riesgo de colisión.
En el dominio espacial, los servicios de inteligencia detectaron que los satélites militares Mohammed VI-A y Mohammed VI-B realizaron hasta 11 pasadas sobre la vertical de Ceuta en los días previos y simultáneos al asalto. Esta vigilancia técnica es interpretada como una labor de reconocimiento estratégico para monitorizar el despliegue de seguridad español en tiempo real.
Precedentes y marco internacional
Expertos militares comparan estas maniobras con las tácticas empleadas por la aviación rusa en el Mar del Norte y el Cantábrico, diseñadas para poner a prueba los sistemas de radar y los tiempos de reacción de la OTAN. A pesar de la similitud en los procedimientos de presión estratégica, el Gobierno de España no ha invocado hasta la fecha el Artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte para solicitar consultas con los aliados, manteniendo la gestión de la crisis en un plano estrictamente bilateral.


