El espacio político situado a la izquierda del PSOE ha iniciado un proceso de reevaluación estratégica tras los resultados obtenidos por la coalición Por Andalucía en los recientes comicios autonómicos. La candidatura encabezada por Antonio Maíllo, que aspiraba a alcanzar una representación de entre seis y siete escaños para capitalizar el descenso de los socialistas, obtuvo finalmente cinco diputados. Esta cifra sitúa a la confluencia vinculada a Sumar por debajo de los ocho escaños logrados por Adelante Andalucía, hecho que ha desencadenado una crisis interna entre los socios de la plataforma nacional.
Desde la formación Más Madrid se ha señalado directamente a la integración de Podemos como una de las causas del rendimiento electoral inferior a lo esperado. Sectores del partido liderado por Mónica García sostienen que la unidad de las siglas no se ha traducido en una suma de apoyos ciudadanos, subrayando que la incorporación de los representantes morados a la coalición, tras sus retrocesos en otras comunidades autónomas, no aportó el impulso necesario. Según fuentes de la organización madrileña, el resultado andaluz refuerza la tesis de que la unidad orgánica no garantiza el éxito electoral por sí misma.
La disputa por la confección de las listas ha sido otro de los puntos de fricción analizados. La dirección de Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza, criticó durante la campaña la asignación de puestos secundarios a sus representantes. El caso de Cádiz se ha tomado como referencia institucional del conflicto: mientras Por Andalucía obtuvo un único diputado en dicha circunscripción, sus rivales directos de Adelante Andalucía lograron dos. La decisión de rechazar candidaturas en provincias con menores expectativas, como Jaén, para buscar puestos de salida en otras zonas ha sido interpretada por los aliados de Sumar como un factor de inestabilidad.
Ante la cercanía de las elecciones generales, los responsables de la plataforma Sumar han acelerado el calendario para designar una nueva candidatura que sustituya a Yolanda Díaz antes del verano. La ausencia de la vicepresidenta en la campaña andaluza, en contraste con la participación activa de ministros como Mónica García, ha marcado un punto de inflexión en la hoja de ruta del espacio. El objetivo actual es redefinir el liderazgo nacional bajo una nueva estructura que clarifique la relación con el Ejecutivo de coalición.
En este escenario, las exigencias de Podemos para el ámbito estatal incluyen la garantía de puestos de relevancia para figuras como Irene Montero y un retorno a la estrategia de confrontación ideológica con el PSOE. Esta postura choca frontalmente con la visión de Más Madrid y Compromís, organizaciones que abogan por priorizar el «arraigo» territorial y una renovación de mensajes que se aleje de las dinámicas internas de la formación morada. El debate se centra ahora en si la futura coalición debe mantener una estructura amplia o avanzar hacia una fórmula que prescinda de los sectores más críticos con la actual dirección de Sumar.


