El príncipe Harry y Meghan Markle, duques de Sussex, han iniciado los preparativos logísticos para establecer nuevamente su residencia principal en el Reino Unido a partir del próximo mes de septiembre. Tras seis años de estancia en Estados Unidos y su desvinculación formal de las responsabilidades institucionales en 2020, la pareja ha optado por un retorno que marca un giro significativo en la dinámica de la familia real británica, motivado tanto por intereses profesionales como por el contexto familiar del monarca.
La decisión de los Sussex responde, en gran medida, a nuevas oportunidades laborales para Meghan Markle en la industria audiovisual británica. Según informaciones recogidas por la cadena BBC y la agencia EFE, a la duquesa se le habría ofrecido un papel en una producción de ficción con sede en territorio británico. Markle, conocida internacionalmente por su participación en la serie «Suits», planea además expandir el alcance global de su marca de estilo de vida y cocina, «As Ever», desde suelo europeo.
A nivel institucional, el regreso no supone una reincorporación a las funciones oficiales de la Casa Real. La pareja se instalará en una propiedad privada a las afueras de Londres y sus hijos, los príncipes Archie y Lilibet, de siete y cinco años respectivamente, iniciarán el curso escolar en un centro educativo británico. Este movimiento facilitaría el deseo del príncipe Harry de que sus hijos mantengan un vínculo estrecho con su abuelo, el rey Carlos III, especialmente tras el diagnóstico de cáncer del monarca y un reciente encuentro privado en Highgrove.
No obstante, la noticia ha sido recibida con una marcada frialdad por parte de los príncipes de Gales. El príncipe Guillermo mantiene una postura de distanciamiento cauteloso, considerando que las revelaciones contenidas en las memorias de su hermano y en diversos documentales han dañado de forma irreparable la confianza familiar. Por el momento, no existen planes para encuentros públicos entre ambos hermanos, y se espera que el contacto se limite estrictamente al ámbito privado si llegara a producirse.
El retorno de la pareja también ha reactivado el debate sobre la financiación de su seguridad personal. Al no actuar como miembros activos de la monarquía, el coste de su protección —estimado por tabloides británicos en unos 5 millones de libras anuales— es objeto de escrutinio público. Diversos sectores de la sociedad británica han manifestado que los gastos de seguridad y estilo de vida deberían ser sufragados íntegramente por los duques, quienes conservarán sus propiedades en Montecito (California) y Portugal como residencias de descanso.
Finalmente, los duques de Sussex tienen previsto relanzar su presencia en proyectos sociales y benéficos en Europa, incluyendo los preparativos para los próximos Juegos Invictus. Mientras que los sectores de población más joven muestran cierta empatía hacia el acercamiento familiar, el sentimiento general en el Reino Unido oscila entre la desconfianza por las críticas pasadas a la institución y el desinterés frente a una agenda mediática que la pareja busca ahora estabilizar desde la capital británica.


