Nuevos documentos judiciales presentados en el marco del litigio entre The New York Times y las compañías tecnológicas OpenAI y Microsoft han revelado comunicaciones internas en las que altos directivos califican el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial (IA) como una apropiación masiva de propiedad intelectual. Brent Hecht, director de Applied Science en Microsoft, describe estas prácticas en los escritos procesales como «el mayor robo de la historia de la humanidad», cuestionando la validez de la defensa legal basada en el concepto de uso justo.
El proceso judicial, que se inició en 2023, sostiene que las empresas demandadas vulneraron los derechos de autor de una coalición de medios de comunicación estadounidenses al copiar de forma sistemática sus artículos para alimentar los algoritmos de ChatGPT y Copilot. Según el informe legal, la estrategia de contenidos generados por IA habría creado un «bucle destructivo» que amenaza no solo el rendimiento de los propios modelos a largo plazo, sino los cimientos económicos de los proveedores de información esenciales para la red.
La acusación se apoya en evidencias técnicas que demuestran un parecido sustancial entre las respuestas de la IA y las obras originales. Los peritos de la parte demandante han identificado ejemplos donde el contenido generado presenta una coincidencia superior al 80% con los textos protegidos. Además, el documento señala que Microsoft y OpenAI intercambiaron material entre sí para perfeccionar sus modelos, descargando y procesando obras que se encuentran bajo muros de pago (paywalls) sin la autorización correspondiente.
Uno de los puntos críticos de la demanda detalla el funcionamiento del denominado «Proyecto Mango». A través del Índice Bing, Microsoft habría desarrollado un sistema de indexación encargado de inspeccionar y copiar contenido web a gran escala para facilitar el entrenamiento de los modelos de lenguaje de OpenAI. El informe subraya que las compañías promocionan estas herramientas como servicios para monitorizar noticias y elaborar informes diarios, lo que constituiría un producto comercial que sustituye directamente al consumo de las fuentes originales.
Respecto a la defensa del «uso justo» (fair use), pilar fundamental en la legislación de propiedad intelectual de Estados Unidos, el documento argumenta que no es aplicable en este caso. La normativa exige evaluar el propósito comercial del uso y su efecto en el mercado potencial de la obra. Los demandantes aseveran que el objetivo de las tecnológicas es explotar el valor intrínseco de los artículos para ofrecer productos competitivos que erosionan la viabilidad económica del periodismo.
Finalmente, el informe legal alerta sobre el riesgo de las «alucinaciones» de la IA, fenómeno por el cual los modelos generan información falsa atribuida erróneamente a medios de comunicación de prestigio. Esta práctica, según los demandantes, no solo infringe los derechos de autor, sino que pone en tela de juicio la fiabilidad y reputación de las cabeceras informativas al vincular sus marcas con datos inexactos o inventados por los chatbots comerciales.


