jueves, mayo 14, 2026
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Mónica Carrillo y su entrenamiento de fuerza diario

Por qué el entrenamiento de fuerza importa realmente

En los últimos años, figuras públicas han contribuido a normalizar el hábito de ejercitarse con regularidad. Un caso visible es el de Mónica Carrillo, que comparte sesiones constantes centradas en el entrenamiento de fuerza. Más allá de la apariencia, levantar cargas y trabajar la resistencia muscular tiene efectos prácticos: mejora la capacidad funcional, reduce el riesgo de lesiones y aumenta la vitalidad en el día a día.

Ejercicios útiles para después de los 40

Cuando el objetivo es mantener movilidad y robustez con el paso del tiempo, conviene priorizar movimientos compuestos. Ejemplos recomendables incluyen la sentadilla (en sus distintas variantes), el peso muerto, las caminatas del granjero y los presses por encima de la cabeza. Estas acciones entrenan simultáneamente varios grupos musculares y transfiere beneficios directos a tareas cotidianas, como subir escaleras o levantar objetos.

  • Día 1: Fuerza de tren inferior (sentadillas, step-ups, core).
  • Día 2: Trabajo de empuje y hombros (press con mancuernas, fondos asistidos).
  • Día 3: Tren superior y tirones (remo con cable, dominadas asistidas, planchas).

Beneficios fisiológicos y datos clave

La pérdida gradual de músculo es común: a partir de los 30 puede producirse una reducción de masa magra de alrededor de 0.5–1% anual, y el ritmo se acelera con la menopausia. Por eso, incorporar cargas de forma regular es una de las estrategias más eficaces para preservar la densidad ósea y la fuerza funcional. Además, el metabolismo se beneficia de un mayor tejido activo: ganar músculo facilita el control del peso y la energía diaria.

Integrar la fuerza en una rutina sostenible

La clave para mantener constancia no es entrenar todos los días al máximo, sino combinar intensidad moderada con variedad y recuperación. Al alternar sesiones de fuerza con actividades suaves —como bicicleta, natación ligera o caminatas largas— se mejora la adherencia y se reduce el riesgo de sobrecarga.

Contar con la guía de un profesional permite adaptar cargas y progresiones individuales. Lo habitual es empezar con movimientos básicos y aumentar gradualmente el volumen o la resistencia para evitar lesiones y consolidar hábitos a medio plazo.

Conclusión: inversión en autonomía y bienestar

Adoptar un plan de entrenamiento de fuerza es una inversión en independencia y calidad de vida: mejora la postura, ayuda a conservar la masa ósea y aporta más energía para las tareas diarias. No se trata de buscar grandes transformaciones estéticas, sino de asegurar movilidad y salud a largo plazo mediante rutinas realistas y progresivas.

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