Morante de la Puebla, herido de gravedad tras una cornada en la Real Maestranza de Sevilla
El matador de toros José Antonio Morante de la Puebla ha sufrido una cornada de pronóstico «muy grave» durante la lidia del cuarto astado en el festejo celebrado este lunes en la Plaza de la Maestranza. El diestro sevillano, que regresaba al coso tras su actuación el pasado Domingo de Resurrección, fue arrollado por el animal y trasladado de urgencia a la enfermería del recinto, donde fue intervenido quirúrgicamente antes de ser evacuado a un centro hospitalario de la capital andaluza.
Según el parte médico oficial emitido por el equipo sanitario de la plaza, el torero presenta una «herida por asta de toro en el margen anal posterior con una trayectoria de unos 10 centímetros». El informe detalla que la lesión afecta parcialmente a la musculatura esfinteriana anal y presenta una perforación en la cara posterior del recto de 1,5 centímetros. Tras la reparación de la pared rectal y el aparato esfinteriano, se ha procedido a la colocación de un drenaje aspirativo en el espacio postanal.
Este percance se produce en vísperas del inicio oficial de la Feria de Abril, uno de los compromisos más relevantes de la temporada para el diestro cigarrero. Debido a la gravedad de las lesiones y la complejidad de la zona afectada, los servicios médicos han confirmado que Morante de la Puebla deberá permanecer hospitalizado y suspender sus próximos compromisos profesionales de forma indefinida.
La trayectoria profesional de Morante de la Puebla ha estado marcada, además de por sus éxitos en los ruedos, por una prolongada lucha con problemas de salud mental que han condicionado su continuidad en diversas etapas. El torero fue diagnosticado a los 22 años con un trastorno disociativo de la personalidad, una afección que provoca una desconexión entre pensamientos, emociones y la identidad personal, y que le ha obligado a retirarse temporalmente en los años 2004, 2007 y 2017.
En declaraciones ofrecidas anteriormente a medios especializados, el propio diestro reconoció la dificultad de convivir con esta patología, que se manifiesta a menudo a través de cuadros depresivos severos. «No tenía fuerzas ni para vestirme de torero», llegó a manifestar tras uno de sus periodos de inactividad, subrayando la complejidad de un trastorno que, en los momentos de mayor crisis, le ha exigido tratamientos especializados, incluyendo estancias clínicas en Miami y terapias de electroshock.
A pesar de estos antecedentes clínicos, el diestro había logrado mantener una regularidad en las últimas temporadas, apoyado en su entorno familiar y en el seguimiento profesional. La cornada sufrida este lunes añade un nuevo condicionante físico a una carrera caracterizada por la intermitencia y la profundidad artística, dejando su regreso a los ruedos supeditado a la evolución de la reparación quirúrgica y la posterior rehabilitación.


