Un estudio de Funcas vincula los estilos de vida y hábitos culturales con la identidad política en España
Un reciente análisis publicado por la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) revela una correlación directa entre las prácticas cotidianas de los ciudadanos y su orientación política. El informe, elaborado por el investigador Luis Miller a partir de datos del proyecto Norpol, sugiere que factores como los gustos musicales, la dieta o el consumo de televisión actúan como indicadores significativos de la afinidad hacia los bloques de derecha, izquierda o formaciones nacionalistas.
Según el documento, titulado «¿Por qué los progresistas no escuchan flamenco?», los votantes que apoyan a la actual coalición de Gobierno tienden a identificarse con el vegetarianismo, el consumo ecológico y un mayor compromiso con el ocio cultural institucionalizado, como el cine, los museos o el teatro. En el ámbito musical, este perfil se asocia preferentemente a géneros considerados «cultos», como el jazz y la música clásica, o «alternativos», como el indie, el rock y el punk.
Por el contrario, el estudio identifica que el consumo de música flamenca presenta una correlación negativa con el respaldo al Ejecutivo central, vinculándose más estrechamente con los votantes del Partido Popular y Vox. Los ciudadanos de perfil conservador, aunque presentan niveles moderados de participación en actividades culturales, puntúan más alto en valores tradicionales como la autoridad, la lealtad y el mérito, además de mostrar una mayor inclinación hacia el concepto del amor romántico.
El análisis también detecta patrones específicos para los seguidores de partidos nacionalistas y separatistas. El gusto por la música reggae y la práctica de comprar ropa de segunda mano aparecen como rasgos característicos asociados a este grupo de electores. Asimismo, el informe señala que otros hábitos habituales, como el seguimiento de programas de telerrealidad o los debates televisivos, también contribuyen a segmentar la identidad social y el comportamiento electoral de la población española.
Luis Miller sostiene en su investigación que la polarización en España ha trascendido el debate ideológico para impregnar la vida diaria. El autor concluye que la política se ha convertido en un eje estructurante de las identidades sociales, donde los ciudadanos no solo mantienen discrepancias de opinión, sino que «viven de forma distinta». Esta diferenciación se manifiesta en los entornos sociales en los que se relacionan y en los valores que priorizan en su consumo cotidiano.
Los datos del estudio reflejan que las políticas progresistas encuentran un respaldo sólido entre ciudadanos alineados con el feminismo y la defensa de las minorías sociales. Por su parte, el bloque conservador muestra posiciones más moderadas ante estas cuestiones, manteniendo una estructura de preferencias basada en la identidad tradicional. Ante la proximidad de nuevas citas electorales, el informe sugiere que estos factores culturales podrían ser determinantes en la movilización del voto.
La investigación se basa en una encuesta original realizada a una muestra nacional estratificada de 3.015 adultos, diseñada para reflejar la composición demográfica del país en términos de género, edad, nivel educativo y distribución regional. El proyecto Normas Sociales en la Política (NORPOL), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, plantea que estos hallazgos abren nuevas vías para explorar la relación entre estilos de vida y adscripción política en futuros estudios sociológicos.


