Aumenta la tensión bilateral tras bombardeos de Pakistán en territorio afgano con decenas de víctimas
Las relaciones diplomáticas entre Afganistán y Pakistán han registrado un nuevo episodio de confrontación tras una serie de bombardeos ejecutados por el Ejército paquistaní en las provincias orientales de Paktia, Kunar y Paktika. Según las autoridades del Emirato Islámico de Afganistán, la ofensiva aérea ha dejado un saldo superior a los 35 fallecidos, en su mayoría civiles, mientras que el Gobierno de Islamabad sostiene que la operación fue una respuesta antiterrorista dirigida contra objetivos insurgentes que operan en la zona fronteriza.
Hamdulá Fitrat, viceportavoz de la administración talibán, informó que los ataques causaron la muerte de al menos 36 personas, incluyendo mujeres y niños, y dejaron a 163 heridos. El reporte oficial detalla que la localidad de Mandojail, en la provincia de Paktia, fue uno de los puntos más afectados, donde tres viviendas residenciales resultaron totalmente destruidas. Fitrat denunció además que se produjeron ataques sucesivos, uno de los cuales impactó a equipos de rescate que trabajaban tras una primera explosión.
Por su parte, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) ha verificado de manera preliminar el fallecimiento de 28 civiles y 49 heridos en las tres provincias afectadas. El organismo internacional ha hecho un llamamiento urgente al cumplimiento de los principios del Derecho Internacional Humanitario, enfatizando la necesidad de respetar los criterios de distinción, proporcionalidad y precaución para salvaguardar a la población no combatiente de cualquier acción militar.
Desde la perspectiva de Islamabad, el ministro de Información de Pakistán, Ataulá Tarar, calificó la intervención como una serie de «ataques de precisión» contra bastiones de los grupos armados Jamaat ul Ahrar y el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP). Tarar aseguró que en la operación murieron 25 presuntos terroristas y se destruyó un arsenal significativo de armamento, argumentando que estas acciones son necesarias ante el incremento de incidentes violentos en territorio paquistaní que, según su versión, son planificados desde el país vecino.
En respuesta, el Ministerio de Exteriores de Afganistán convocó al encargado de negocios paquistaní en Kabul para presentar una protesta formal por lo que calificaron como una violación de la soberanía nacional y del espacio aéreo afgano. El portavoz del gobierno afgano, Zabihulá Muyahid, rechazó las acusaciones de Islamabad, señalando que Pakistán intenta trasladar sus problemas de seguridad interna a Afganistán para ocultar dificultades políticas propias, sin aportar pruebas sobre la presencia de grupos insurgentes extranjeros bajo su amparo.
Este incidente se enmarca en una crisis de seguridad prolongada en la frontera común, una región marcada por tensiones históricas y acusaciones cruzadas de apoyo a milicias transfronterizas. A pesar de los acuerdos de alto el fuego previos, la escalada militar reciente pone en riesgo la estabilidad regional y debilita los canales de comunicación diplomática entre ambos países, los cuales continúan sin alcanzar un consenso sobre la gestión de la seguridad en la línea de demarcación fronteriza.


